Cómo calmar a una gata en celo (y la solución definitiva)

Una gata maullando insistente asomada a una ventana cerrada, con la boca abierta

Si tienes una gata sin esterilizar, sabrás de lo que hablamos: llega el celo y, de la noche a la mañana, tu dulce compañera se convierte en una sirena que maúlla sin parar, de día y de noche.

Ese escándalo, que a ti te desespera, es en realidad una señal de que tu gata lo está pasando mal, aunque desde fuera solo parezca un capricho ruidoso que no te deja dormir.

Durante esos días la domina un impulso hormonal que no controla y que la deja ansiosa, inquieta y en constante riesgo. Y no, no basta con esperar a que se le pase.

Índice

🩺 No está enferma, está en celo

El celo es una parte natural del ciclo reproductivo de toda gata que no está esterilizada.

Que sea natural, eso sí, no significa que sea bueno ni agradable, ni para ella ni para quienes vivís con ella.

Durante el celo, tu gata se pone excesivamente cariñosa, se revuelca por el suelo, levanta la cola y maúlla con unos lamentos que parecen de dolor. Es su manera de llamar a los machos, guiada por completo por las hormonas.

Una gata revolcándose cariñosa por el suelo de un salón, frotándose contra la alfombra

Por dentro, lo está pasando fatal: su cuerpo está revolucionado, sus niveles hormonales por las nubes y siente un impulso incontrolable de salir a buscar pareja. Nuestro deber es ayudarla a llevar esos días lo mejor posible.

Reconocer los síntomas es fácil una vez los has visto: además de los maullidos, verás que se restriega contra todo, adopta posturas raras con el trasero en alto y busca sin descanso la manera de salir de casa.

¿Cuántos días dura cada celo?

Conviene saber a qué te enfrentas. El celo de una gata no es cosa de un día: suele durar varios días seguidos, y si no queda preñada, vuelve a repetirse al cabo de pocas semanas durante toda la temporada de reproducción.

Una gata inquieta asomada a la ventana al atardecer, mirando el exterior

Eso significa que, sin esterilizar, tu gata puede pasar buena parte del año entrando y saliendo del celo. Entender que no es un episodio aislado, sino un ciclo que se repite, ayuda a tomárselo en serio y a buscar una solución de fondo.

El celo suele concentrarse en las épocas de más luz y calor, sobre todo en primavera.

Pero ojo, en las gatas de interior, con luz artificial y una temperatura estable todo el año, puede aparecer prácticamente en cualquier momento.

🐱 ¿Que no se escape ni quede preñada?

Antes que cualquier truco para calmarla, tu prioridad número uno es evitar que se escape y quede preñada.

Una camada no deseada es justo lo que queremos ahorrarle a ella y al mundo.

Cierra bien todas las ventanas y cualquier hueco pequeño por el que pudiera colarse

. Y no la subestimes: bajo ese impulso hormonal, una gata es capaz de escaparse por rendijas tan imposibles que parece cosa de magia.

Una gata sentada junto a una ventana cerrada de la casa, observando la calle desde dentro

Extrema el cuidado también con la puerta de entrada, sobre todo si entra y sale gente de casa.

Un despiste de un segundo puede acabar en semanas de gatitos inesperados buscando un hogar que muchas veces no llega.

Y no es solo el riesgo de la camada: ahí fuera, una gata en celo se expone a peleas, atropellos y enfermedades que se contagian en los apareamientos. Mantenerla dentro y a salvo es, sin ninguna discusión, la primera de las prioridades.

Remedios peligrosos que debes descartar

Antes de los remedios que sí funcionan, hay que dejar claros un par de "soluciones" muy extendidas que son un error grave o directamente peligrosas para tu gata.

Nada de hormonas por tu cuenta

Existen pastillas hormonales, los progestágenos, capaces de cortar el celo.

Sobre el papel suenan bien, pero sus efectos secundarios son muy serios: diabetes, infecciones de útero y tumores, entre otros problemas graves.

No son ningún atajo inofensivo. Nunca mediques a tu gata con hormonas por tu cuenta para cortarle el celo; cualquier tratamiento de este tipo debe valorarlo y pautarlo un veterinario, y aun así rara vez es la mejor opción.

Piensa que cortar el celo a base de hormonas es tratar el síntoma tapando el problema, y encima con riesgos.

Si el celo te agobia tanto, hay una solución mucho mejor y más segura, y la veremos con calma al final del artículo.

Olvídate del "truco del bastoncillo"

Circula por internet un mal llamado "truco" que consiste en introducirle un bastoncillo para simular la cópula con un macho. Que quede clarísimo: no lo hagas jamás, por muy desesperado que estés.

Es una auténtica barbaridad, además de peligroso e inútil como solución.

Para que una gata deje de estar en celo por esa vía tendría que ovular tras la monta, con todos los riesgos que eso conlleva.

Ni se te ocurra probarlo.

Y nunca le grites: por muy insoportable que se ponga, tu gata no maúlla ni se comporta así para fastidiarte. Es su naturaleza, no lo hace a propósito.

Regañarla o enfadarte solo le añade más estrés al que ya está sufriendo.

Técnicas para calmarla en casa

Aclarado lo anterior, vamos con lo que sí ayuda. Son remedios temporales —te darán un rato de paz, no la cura definitiva—, pero combinados alivian bastante a tu gata en los peores momentos.

Cánsala jugando

La energía acumulada es parte del problema, así que ayúdala a quemarla.

Échate al suelo y juega con ella a fondo, con una caña o un ratón de peluche, hasta dejarla bien rendida.

Una gata jugando con energía persiguiendo un ratón de peluche por el suelo del salón

Una buena sesión de caza y carreras la deja mucho más tranquila durante un par de horas. Además, el juego la distrae de su comportamiento de celo y le baja el nivel de ansiedad casi de golpe.

Si un día no tienes tiempo o energía para jugar tú, déjale juguetes interactivos o de los que se mueven solos.

Cualquier cosa que la mantenga entretenida y en movimiento es una buena aliada para rebajarle esa tensión acumulada.

Mucho cariño y cepillado

En el celo, tu gata también está muy demandante de cariño. Dárselo es una de las formas más sencillas de calmarla: acaríciala mucho, háblale bajito y dedícale ratos extra de mimos y compañía.

Una persona acariciando y calmando con cariño a su gata en el sofá

El cepillado con un cepillo suave funciona especialmente bien. Cepillar a un gato lo relaja por sí solo, y una gata en celo necesita justo eso: relajarse, soltar tensión y sentirse acompañada y querida.

Una persona cepillando con suavidad a su gata con un cepillo blando, en un momento tranquilo

Dicho esto, respeta también sus tiempos: algunas gatas, en pleno celo, prefieren que las dejen tranquilas un rato en lugar de tanto contacto. Aprende a leerla y dale en cada momento lo que parezca necesitar, sin agobiarla.

Un refugio tranquilo

Prepárale un rincón privado, apartado del ruido de la casa, con su camita, sus juguetes y su rascador.

Un lugar donde pueda aislarse del mundo y descansar sin sobresaltos.

Un rincón privado y acogedor para una gata, con su camita, juguetes y un rascador en una habitación tranquila

Si puede ser, que sea una habitación fresca y con poca luz. Esas condiciones imitan los meses fríos del año y pueden ayudar, de forma natural, a rebajarle los síntomas del celo.

Curiosamente, a algunas gatas también las calma sentir una fuente de calor pegada al cuerpo. Una manta eléctrica a la temperatura más baja, o una botella de agua caliente envuelta en una toalla, puede darles ese consuelo.

Una gata acurrucada a gusto sobre una manta cálida y mullida en un rincón tranquilo

Cambia el agua de la botella varias veces al día para que se mantenga templada, y nunca la pongas ardiendo: se trata de un calorcito suave y agradable, no de que se queme ni se agobie con un exceso de temperatura.

Golpecitos en la base de la cola

Hay una técnica muy concreta que a muchas gatas las relaja al momento. Consiste en darle unos golpecitos suaves en la parte final de la espalda, justo donde empieza la cola, durante un minuto o algo así.

Una persona dando golpecitos suaves con la mano en la parte baja de la espalda de una gata que se deja hacer relajada

Hazlo siempre con delicadeza y solo si a ella no le molesta. Si ves que se incomoda, se gira o se aparta, déjalo: cada gata es un mundo, y lo que a una la relaja, a otra puede ponerla todavía más nerviosa.

Por qué funciona: con esos toques suaves en la base de la cola imitas, de alguna manera, la sensación de la monta, y eso deja a la gata relajada durante un buen rato. No cura el celo, pero es un recurso rápido y muy útil cuando la ves muy alterada.

Limpia sus marcas cuanto antes

Durante el celo, tu gata orina mucho, en pequeñas cantidades y con un olor fortísimo cargado de hormonas.

Y ese olor, si se queda, la estimula a seguir con los síntomas.

Por eso su arenero debe estar impecable en todo momento.

Una bandeja de arena impecablemente limpia en un rincón ordenado del hogar, con una gata cerca

Limpia también a fondo cualquier sitio donde haya marcado.

Si vuelve a oler su pipí, repetirá en el mismo lugar.

Usa un limpiador enzimático para mascotas o una solución de vinagre y agua, que hace maravillas con esos olores tan penetrantes.

Evita, eso sí, los productos con amoniaco para esas zonas: su olor recuerda al de la propia orina y, en vez de disuadirla, puede animarla a marcar justo donde no quieres. El vinagre, en cambio, neutraliza el olor sin ese efecto rebote.

Aparta a los machos: si en casa hay gatos machos sin castrar, mantenlos lejos de ella durante todo el celo. Si puedes, que pasen unos días en casa de un familiar o amigo.

Su presencia solo la pondrá más nerviosa y aumentará el riesgo.

Las feromonas sintéticas

Un pequeño difusor enchufado en la pared de un salón mientras una gata descansa relajada cerca

Los difusores, sprays y collares de feromonas sintéticas pueden ayudar a rebajar el estrés y la ansiedad de tu gata.

Son unas sustancias que ella huele y que le transmiten sensación de calma y seguridad.

Pero ojo, tienen su truco: no son de acción inmediata.

Necesitan acumularse en su cuerpo, así que hay que usarlos a diario, incluso cuando no está en celo, para que hagan efecto.

Y, además, no son precisamente baratos.

Entre las distintas opciones, mucha gente encuentra los collares más cómodos y efectivos que los difusores o los sprays, porque acompañan a la gata a todas partes. Pero cada una responde distinto, así que quizá tengas que probar cuál le va mejor.

😴 ¿Cómo sobrevivir a las noches?

Si el celo no te deja dormir —algo de lo más habitual—, hay un par de trucos que ayudan.

El primero, aunque cueste muchísimo, es ignorar sus llamadas de atención por la noche: si no obtiene respuesta, acabará cansándose de maullar.

Durante el día, procura que gaste toda su energía con juego y actividad, para que llegue a la noche agotada de verdad.

Y asegúrate de que no pase hambre: déjale comida y agua suficientes para que ese no sea un motivo más de escándalo nocturno.

Por último, que tenga a mano todo lo que necesita para entretenerse sola: juguetes, camas cómodas y sitios en alto donde subirse.

Cuanto más ocupada y a gusto esté, menos noches en vela para los dos.

Una gata acomodada en una estantería alta de una habitación tranquila y acogedora

Aguantar el tipo esas noches no es nada fácil, pero recuerda que cada vez que cedes y le haces caso a sus maullidos, le enseñas que insistiendo consigue lo que quiere. La constancia, aunque cueste, es la que acaba dando resultado.

💞 Esterilizar es la única solución real

Todo lo anterior ayuda, pero seamos claros: son parches temporales que te dan, como mucho, un par de horas de tregua antes de que tu gata vuelva a las andadas.

Para acabar con el problema de raíz solo hay un camino: la esterilización.

Al retirarle los ovarios, eliminas de golpe la fuente de todas esas hormonas que la vuelven loca. S

e acaban los celos, se acaba el riesgo de camadas no deseadas y tu gata recupera la paz para siempre, sin sufrir ese ciclo una y otra vez.

Una gata serena y feliz descansando plácidamente en el sofá de un hogar tranquilo

La operación es sencilla y de lo más habitual, y la recuperación suele ser rápida: en pocos días tu gata estará como si nada, pero ya sin esa montaña rusa hormonal que la hacía sufrir cada pocas semanas.

Y hay mucho más: la esterilización previene el cáncer de mama y otras enfermedades, sobre todo si se hace pronto, antes del primer celo. Le regalas una vida más larga, más sana y muchísimo más tranquila.

De hecho, la mayoría de quienes esterilizan a su gata coinciden en lo mismo: ojalá lo hubieran hecho antes. L

os problemas de comportamiento ligados al celo desaparecen, y tanto la gata como la familia ganan muchísimo en calidad de vida.

Sí, supone un gasto, pero es insignificante comparado con los años de calma que ganáis los dos.

Si el celo de tu gata se ha vuelto un problema que se repite sin parar, la esterilización es la respuesta más sensata y más cariñosa.

El celo de una gata es natural, cierto, pero no por ello tienes que resignarte a que lo pase mal ella y a no pegar ojo tú.

Con cariño, juego, un buen refugio y algún truco, esos días se hacen bastante más llevaderos.

Eso sí, ten siempre presente que todos esos remedios son solo un alivio pasajero.

La verdadera solución, la que le devuelve la tranquilidad de forma permanente, es esterilizarla en cuanto tengas ocasión.

Porque al final, calmar a tu gata en celo no va solo de tener silencio en casa: va de entender que lo está pasando mal y de tomar la decisión que de verdad la libera de ese sufrimiento que, si no, se repetirá mes tras mes.

Las claves de todo esto
1es capaz de escaparse por rendijas tan imposibles.
2le enseñas que insistiendo consigue lo que quiere.
3es insignificante comparado con los años de calma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *