Cómo educar a tu gatito: la guía para que crezca sano y equilibrado

Un gatito pequeño y tierno mirando a cámara, sentado en el salón de una casa hogareña

Mucha gente cree que a un gato no hay que educarlo, que ya se cría solo y punto. Nada más lejos de la realidad: sí hay que educarlo, aunque de una forma mucho más sencilla y rápida que a un perro.

Basta con corregir a tiempo unas cuantas conductas.Y es importante hacerlo, porque lo que tu gatito aprenda de pequeño va a marcar su carácter de adulto y vuestra convivencia durante muchos años.

La buena noticia es que son animales muy inteligentes que aprenden rapidísimo, a veces en apenas un par de días.El objetivo es sencillo: que ese gatito indefenso crezca y sea un gato bueno, sociable y cariñoso, y no un adulto miedoso o agresivo.

Índice

🌡️ ¿Que sepa estar solo desde pequeño?

Cuando llega a casa un ser tan pequeñito e indefenso, lo normal es no soltarlo de los brazos y cogerlo en cuanto suelta el primer maullido.

Mimarlo está muy bien y es necesario, pero también tiene que aprender a saber estar solo.

El error más típico es cogerlo en brazos cada vez que maúlla persiguiéndote. ¿Qué aprende con eso?

Que maullando consigue lo que quiere.

Y ojo, porque lo pilla enseguida: acabará maullando para todo, para que lo subas, para una golosina o solo para llamar tu atención.

Un gatito maullando insistentemente a los pies de su dueño, mirando hacia arriba, en el salón

Además, corres el riesgo de que se convierta en un gato tremendamente dependiente de ti.

Por eso conviene enseñarle desde el principio que con el maullido no consigue nada: cuando maúlle, no le hagas caso, y atiéndele o dale de comer solo cuando pare.

Que quede claro: esto no significa desatenderlo ni negarle cariño, todo lo contrario.

Se trata de que los mimos salgan de ti cuando tú quieras dárselos, y no de que él te maneje a base de maullidos hasta convertirse en un pequeño tirano.

Sé firme aunque dé pena. Ignorar esos maullidos cuesta, lo sé, pero es por su bien. Si aguantas y solo le prestas atención cuando se calla, lo aprenderá en uno o dos días y para toda la vida.

Ceder una sola vez echa por tierra todo el trabajo.

Costumbres que de adulto hacen daño

Hay conductas que de gatito hacen gracia, pero que de adulto se vuelven un incordio o incluso un peligro.

Cuanto antes las corrijas, mejor, porque un gato grande con esos hábitos hace mucho daño sin querer.

La clave en todas ellas es la misma: constancia y actuar siempre en el momento justo, cuando el gato está haciendo o va a hacer la conducta.

Corregir algo dos horas después no sirve de nada, porque el gato no lo relaciona con lo que hizo en su día.

¿Que no trepe por tu pierna?

Cuando quiere subirse y no puede, muchos gatitos empiezan a trepar por la pierna.

Al principio parece divertido, pero imagínate el destrozo cuando pese cuatro kilos y saque las uñas. Si no lo cortas de pequeño, lo seguirá haciendo de mayor.

Un gatito trepando por la pierna del pantalón de una persona de pie en la cocina

La solución es muy sencilla: en cuanto empiece a subirse, mueve la pierna hasta que se baje.

Los gatos solo trepan por algo estable que no se mueve, así que al notar que la pierna se mueve se sentirá inseguro y bajará. Repítelo cada vez y dejará de intentarlo.

Ni manos ni pies como juguete

Una persona retirando la mano y ofreciendo un juguete de tela a un gatito en lugar de dejar que muerda sus dedos

Este es de los más importantes. Nunca le ofrezcas las manos o los pies para jugar.

El gato es un cazador nato, y si tus manos son su presa de pequeño, de mayor las atacará con toda su fuerza cada vez que le apetezca o esté nervioso.

Cuando intente morderte la mano, retírala y ofrécele un juguete en su lugar.

Juega siempre con él a través de un juguete, nunca con tu propio cuerpo.

Y si ya está muy acostumbrado, en cuanto muerda deja de jugar y márchate: aprenderá que morder acaba con la diversión.

Ten presente que para él no es maldad, es puro instinto.

Cuando algo se mueve, lo acecha, lo persigue y lo atrapa con uñas y dientes. Tu trabajo es que dirija todo ese impulso hacia sus juguetes y nunca hacia tu piel.

El juego brusco lo vuelve nervioso

La forma de jugar también moldea su carácter.

Si juegas de manera brusca y agresiva, tendrás un gato más nervioso.

Uno de los peores gestos es poner la mano por encima de su cabeza: les activa el instinto salvaje y se vuelven agresivos enseguida.

Un gatito jugando con calma con un juguete de varita que sujeta su dueño, en el salón de casa

Juega siempre de forma moderada y con un juguete de por medio. Así se lo pasa bien, hace ejercicio y quema energía, que es justo lo que necesita para ser un gato tranquilo y equilibrado en el día a día.

¿Que respete tu comida?

Acostúmbralo desde pequeño a comer solo su comida y a no molestar cuando estás en la mesa.

Por mucho que te ponga ojitos, no le des comida casera: así evitarás que de mayor se suba a la mesa o a la encimera buscando tu plato.

Cada vez que intente acercarse a tu comida, sóplale suavemente a la cara; si no funciona, dale un toque muy leve en el hocico.

Repítelo con paciencia y, tras unas cuantas veces, perderá el interés por lo que comes tú.

Con esta norma bien puesta desde cachorro, tendrás un gato que ni se inmuta cuando comes y que no desarrolla ese vicio tan molesto de rondar la mesa maullando.

Es mucho más fácil prevenirlo ahora que quitárselo cuando ya es adulto.

No andes de puntillas por casa

Un error muy común es andar de puntillas por casa para no molestar al gatito cuando duerme.

Pues hay que hacer justo lo contrario: si lo rodeas de silencio absoluto, crecerá asustadizo y se sobresaltará con cualquier ruido algo más fuerte de lo normal.

Conviene acostumbrar a los ruidos y a los movimientos habituales de la casa desde el primer día.

No hace falta tocar el tambor, claro, pero sí hacer vida normal: habla, muévete y deja que suenen los ruidos de siempre como si el gato no estuviera.

Un gatito relajado en el salón mientras su familia hace vida normal alrededor, sin sobresaltarse

Si en algún momento un ruido lo asusta, aprovecha para acariciarlo justo entonces.

De esa forma asocia el susto con algo positivo, tus caricias, y va entendiendo que no pasa nada malo. Poco a poco todo eso dejará de darle miedo.

Lo mismo vale para los movimientos bruscos y para las visitas.

Cuanto más variado sea lo que conoce de cachorro, más tranquilo y adaptable será de adulto, y menos le afectará cualquier cambio o imprevisto que ocurra en casa.

Aplica también esto a la hora de dormir.

No hace falta que la casa se quede en silencio absoluto cuando el gatito echa una siesta; si se acostumbra a descansar con el ruido de fondo habitual, dormirá tranquilo en cualquier circunstancia el resto de su vida.

🍼 Su carácter se decide de bebé

Buena parte del carácter de un gato adulto se decide cuando es un bebé, y ahí la madre juega un papel enorme.

Es ella quien enseña a los gatitos dónde están los límites del juego y cómo controlar las uñas y los dientes.

Por eso es fundamental respetar el destete y no separar al gatito de su madre antes de tiempo.

Una separación prematura suele traducirse en problemas de comportamiento, como la agresividad en el juego, porque no ha tenido tiempo de aprender a gestionarse.

Una gata amamantando a sus gatitos recién nacidos en una camita cálida

La socialización temprana es igual de clave.

Un gatito que se acostumbra pronto a las personas, a otros animales y a distintas situaciones desarrolla confianza; el que no, tiende a esconderse, a asustarse por todo y a morder o arañar por puro miedo.

Un gatito siendo acariciado con delicadeza por varias personas en un ambiente tranquilo y acogedor

Si has adoptado a un gato algo mayor o que ha vivido en la calle, ármate de paciencia extra.

Puede llegar con miedos y malas experiencias a cuestas, y ganarte su confianza llevará más tiempo, pero con refuerzo positivo y sin forzar nada también se consigue.

Háblale y juega con él cada día. Hablarle mucho hace que te entienda mejor y que tu voz lo tranquilice cuando está nervioso. Y dedícale al menos quince minutos de juego diarios: es vital para su desarrollo físico y mental, y para que sea un gato feliz.

Así que ya sabes: juega con tu gatito, háblale, mímalo y ponle juguetes a su alcance.

Ese ratito diario de atención es una de las mejores inversiones que puedes hacer para que de mayor sea un compañero estupendo.

Una persona jugando con su gatito con una caña de plumas en el salón de una casa

📦 Enséñale a usar el arenero

Aprender a usar el arenero es una de las primeras cosas que debe interiorizar. Empieza por asegurarte de que puede entrar y salir con facilidad; si es muy pequeño, elige una caja de bordes bajos que no le suponga un obstáculo.

Para enseñarle, ponlo dentro del arenero en los momentos en que es más probable que lo necesite: justo después de despertarse y después de comer.

Puedes remover un poco la arena con la mano para mostrarle que ese es su sitio seguro para hacer sus cosas.

Un gatito dentro de su arenero de bordes bajos en un rincón tranquilo de la casa

Si lo ves preparándose para hacérselo en otro lado, cógelo con suavidad y llévalo al arenero.

Eso sí, si ya ha empezado, no lo interrumpas. Y cada vez que lo use bien, prémialo: el refuerzo positivo hará que lo incorpore a su rutina mucho antes.

Al principio, mientras se acostumbra, no te obsesiones con dejar el arenero impoluto.

Reconocer su propio olor le ayuda a identificar que ese es su sitio. Ya habrá tiempo de extremar la higiene cuando tenga el hábito bien cogido.

En gatos adultos recién llegados, el arenero es parte de su adaptación al nuevo hogar.

Y si se trata de un gato que ha vivido mucho en la calle y marca con orina por las paredes, plantéate la castración: además de prevenir enfermedades, ayuda muchísimo a controlar ese tipo de conductas.

Coloca varios areneros. Repartir varias cajas por la casa ayuda a evitar accidentes y te permite descubrir dónde se siente más cómodo. Ubícalos en sitios tranquilos y siempre lejos del cuenco de la comida y del agua, que no les gusta mezclar las cosas.

Y algo importantísimo: jamás lo castigues por hacerse sus necesidades fuera del arenero. Regañarlo o asustarlo por algo tan natural solo consigue estresarlo y que te tenga miedo, lo que empeora el problema en lugar de resolverlo.

Si de repente deja de usarlo, consulta con el veterinario.

Una persona supervisando con calma y cariño a un gatito junto a su arenero, sin regañarlo

🐱 No lo fuerces a que te quiera

Sobre todo al principio, es normal que tu gatito se muestre asustado o distante. La clave para ganártelo es darle espacio y tiempo: nunca lo fuerces a recibir caricias ni a subirse encima de ti antes de que esté listo.

Una persona sentada en el suelo dando espacio a un gatito que se acerca a olerla por voluntad propia

Créale un clima de seguridad y deja que sea él quien se acerque. Cuando quiera mimos, vendrá, te olerá y frotará su cuerpo contra tus piernas.

Ese es el momento en que te da permiso para acariciarlo, y así la confianza se construye sin prisas.

Si lo notas especialmente asustadizo o nervioso, puedes preguntar a tu veterinario por las feromonas sintéticas para gatos, que se venden en difusor o en spray.

Ayudan a transmitirle sensación de calma y a que se sienta más seguro mientras se adapta a su nuevo hogar.

Su carácter también depende de tenerlo entretenido.

Ofrécele un buen enriquecimiento ambiental: un rascador para sus uñas, plataformas y alturas desde las que vigilarlo todo, escondites donde refugiarse y juguetes variados.

Un gato aburrido acaba estresado y puede volverse arisco.

Un salón con un entorno enriquecido para gatos, con árbol rascador, estanterías, escondites y juguetes, y un gatito

Varía también el tipo de juego.

Las cañas y los juguetes de acecho estimulan su instinto cazador, los juguetes de ingenio donde esconder comida le hacen pensar, y los juegos contigo refuerzan vuestro vínculo. Alternarlos lo mantiene despierto y satisfecho.

No descuides tampoco lo básico. Dale un alimento de calidad adecuado a su edad y ten siempre agua siempre limpia y separada de la comida.

Cepíllalo a menudo para evitar bolas de pelo y mantén su arenero bien limpio en el día a día.

Un cuenco de agua limpia y fresca junto a un gatito que bebe de él, en la cocina

Y, por supuesto, vigila su salud. Mantenlo vacunado y desparasitado, y acude al veterinario ante cualquier cambio raro de comportamiento, porque a veces detrás de un gato que muerde o se esconde hay un problema físico que solo un profesional puede detectar.

Unas revisiones veterinarias rutinarias, aunque el gato viva siempre dentro de casa, te darán mucha tranquilidad.

Prevenir siempre sale más barato y menos doloroso que curar, también cuando hablamos de gatos.

Como ves, educar a un gatito no es tan complicado como parece.

Se trata sobre todo de sentar unas cuantas bases desde el principio, con cariño y con firmeza a partes iguales, y de tener paciencia mientras las va aprendiendo.

Recuerda las ideas de fondo: nada de reforzar caprichos, nada de jugar con las manos, mucha socialización y jamás castigos ni gritos.

Un gato educado con refuerzo positivo será más seguro, más cariñoso y muchísimo más fácil de convivir.

Dedícale tiempo, obsérvalo y aprende a conocer sus gustos, porque cada gato es un mundo.

Si pones de tu parte estos primeros meses, tendrás por delante muchos años de compañía con un gato equilibrado y feliz.

Apuntes finales
1gatito hacen gracia, pero que de adulto se vuelven un incordio.
2principio parece divertido, pero imagínate el destrozo.
3Una separación prematura suele traducirse en problemas.

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