Mi gato se rasca mucho las orejas: ácaros y otras causas

Un gato rascándose una oreja con la pata trasera en el salón de una casa, gesto muy natural

Ves a tu gato rascarse la oreja una y otra vez, sacudir la cabeza, restregarla contra los muebles… y notas que algo no va bien. Ese gesto insistente casi nunca es casualidad, y suele ser su manera de pedir ayuda.

Lo más habitual detrás de todo esto son unos diminutos parásitos: los ácaros del oído. Pero no son la única causa posible, ni mucho menos, y acertar con el motivo real es la clave para ponerle remedio de verdad.

Hoy vamos a ver por qué tu gato se rasca tanto las orejas, cómo reconocer a los famosos ácaros, qué otras causas puede haber detrás y cómo cuidar y limpiar sus oídos en casa sin hacerle ningún daño.

Índice

Rascarse mucho no es normal

El oído es una de esas zonas que el gato, por muy limpio y cuidadoso que sea, no llega a asearse bien por dentro. Y en ese rincón cálido y recogido es justo donde pueden instalarse los problemas sin que él pueda evitarlo.

Rascarse de vez en cuando es completamente normal. Lo que debe alertarte es un rascado insistente, unas sacudidas de cabeza frecuentes o que se frote las orejas contra todo lo que pilla.

Ahí ya te está diciendo que algo le molesta dentro.

Un gato sacudiendo la cabeza con las orejas en movimiento, sentado en el suelo de una habitación luminosa

Las causas pueden ser muy variadas, desde unos simples ácaros hasta una alergia o una infección más seria. Por eso, aunque hoy te demos muchas pistas para orientarte, el diagnóstico final siempre, siempre, es cosa del veterinario.

Un veterinario examinando con un otoscopio la oreja de un gato tranquilo sobre la camilla de una clínica luminosa

Lo bueno es que la mayoría de estos problemas tienen buena solución si se cogen a tiempo. Cuanto antes identifiques qué le pasa, más fácil y más rápido será devolverle unos oídos sanos y quitarle esa molestia constante.

Conviene entender cómo es su oído para cuidarlo bien. El canal auditivo del gato tiene forma de ele, con un tramo vertical y otro horizontal, lo que hace que la suciedad y la humedad se acumulen con facilidad en el fondo, fuera de su alcance.

🐱 Los ácaros del oído

El culpable más frecuente tiene nombre y apellidos: un ácaro llamado Otodectes cynotis.

Es un parásito minúsculo que vive dentro del oído del gato, se alimenta de la cera y acaba mordiendo la piel, que se irrita y pica muchísimo.

Un primer plano de unas manos abriendo con suavidad la oreja de un gato para mirar dentro, en un ambiente doméstico

Son extremadamente contagiosos entre gatos. Si tienes varios en casa, es muy probable que se los pasen unos a otros, aunque al principio solo uno muestre síntomas claros.

Basta un rato de contacto para que salten de una oreja a otra.

Son especialmente frecuentes en los cachorros y en los gatos que han vivido en la calle, en colonias o en refugios, donde el contacto entre animales es constante. Si acabas de adoptar un gatito, revísale bien las orejas desde el primer día.

La buena noticia es que no pueden sobrevivir fuera del oído, así que no van a colonizar tu casa ni a saltar a las personas. La mala es que, sin tratar, la molestia es constante y puede derivar en infecciones más graves.

No es una enfermedad mortal, pero sí muy desagradable para el gato. De tanto rascarse, puede llegar a hacerse heridas, y el daño que causan estos bichos abre la puerta a infecciones bacterianas que empeoran mucho el cuadro.

Un gato con la oreja algo enrojecida siendo revisado con cuidado por unas manos en una consulta veterinaria

Señales de alarma en la oreja: cera oscura, parecida a los posos del café, olor raro, enrojecimiento y muchas sacudidas de cabeza. Si ves varias de estas señales juntas, toca revisión veterinaria cuanto antes.

Cera oscura como poso de café

Acostúmbrate a revisarle las orejas al menos una vez por semana, con mucha suavidad, como si fuera una sesión de caricias más. Si lo tratas con brusquedad, se resistirá y asociará el momento con algo desagradable.

Una persona revisando con delicadeza la oreja de su gato en el sofá de casa, en una rutina tranquila

Un oído sano se ve limpio y rosado por dentro. Desconfía si notas acumulaciones de cera marrón oscura, casi como el poso del café, o de tono verdoso, y también si aparece enrojecimiento, hinchazón o un olor extraño.

Un primer plano de la oreja de un gato con algo de cera oscura acumulada dentro, mientras unas manos la sostienen con

No confundas, eso sí, un poco de cera normal con una infección. Todos los gatos producen algo de cera, y una orejita ligeramente sucia no es señal de alarma.

Lo preocupante es cuando se juntan esa cera oscura y abundante, el mal olor y las molestias.

Fíjate igualmente en su comportamiento. El rascado excesivo, las sacudidas de cabeza o los restregones contra los muebles son grandes indicadores de que algo le incomoda dentro del oído.

Los ácaros son diminutos, pero no microscópicos. Si tienes buena vista y buena luz, quizá distingas puntitos blancos moviéndose dentro del oído.

Es una imagen desagradable, pero muy reveladora de lo que está pasando ahí.

Lo que hará el veterinario

Ante la sospecha, lleva al gato al veterinario para que lo confirme, muchas veces mirando una muestra al microscopio. Él le hará una primera limpieza a fondo del oído y te indicará el tratamiento más adecuado para casa.

Un veterinario limpiando con cuidado el oído de un gato con una gasa, en una clínica luminosa

Y aquí viene lo más importante de todo: hay que ser muy constante. Ningún tratamiento es capaz de matar los huevos, y los ácaros tardan unas tres semanas en nacer de ellos.

Si lo dejas a medias, aparece una nueva generación y vuelta a empezar.

Por eso el tratamiento suele repetirse un par de veces más, espaciado unas tres semanas cada vez, hasta acabar con ellos por completo. Saltarse esas repeticiones es el error que hace que la infección parezca eterna.

Además, aunque solo uno de tus gatos muestre síntomas, el veterinario recomendará tratarlos a todos a la vez. Como son tan contagiosos, tratar solo al que se rasca es como vaciar un barco con un agujero abierto.

Tres gatos juntos y tranquilos en el salón de una casa, descansando cerca unos de otros

Alergia a un alimento o a las pulgas

Las alergias provocan picor, y ese picor lleva directo al rascado. Una posibilidad es la hipersensibilidad a algún alimento, normalmente a una proteína como el pollo o el pavo, que se diagnostica con una dieta especial de eliminación durante unas semanas.

Un gato mirando su cuenco de comida en el suelo de la cocina, con actitud pensativa

La otra es la alergia a la picadura de la pulga, que suele afectar sobre todo al cuello, pero hace que el gato se rasque también las orejas, la cola o las patas traseras. Si se rasca cuello y orejas a la vez, revisa cuanto antes si tiene pulgas.

¿Puede ser algo del ambiente?

Cuando la alergia no es ni por comida ni por pulgas, puede deberse a algo del ambiente: ambientadores, polvo, polen, perfumes o productos químicos.

Es la llamada dermatitis atópica, y es más habitual de lo que parece.

Además del picor, puede dejar zonas sin pelo, pequeñas heridas o costras en el cuello y la cara. El tratamiento pasa por reducir la inflamación con la medicación que indique el veterinario y, en la medida de lo posible, eliminar aquello que la desencadena.

Una infección dentro del oído

Una otitis es una inflamación del canal auditivo, casi siempre de origen infeccioso.

El conducto se enrojece, se hincha y duele, y el gato reacciona rascándose, sacudiendo la cabeza y, a veces, inclinándola hacia un lado.

Un gato con la cabeza claramente inclinada hacia un lado, sentado en el suelo de una habitación

Suele venir acompañada de mal olor. Se trata con antibióticos o antifúngicos específicos y una buena limpieza; en los casos graves, cuando el canal se ha dañado mucho, puede llegar a necesitar incluso una pequeña cirugía.

Heridas que pican al cicatrizar

Un simple arañazo o herida en la oreja también pica mientras cicatriza, y el gato se la rasca, con el riesgo de volver a abrirla una y otra vez.

Hay que cuidar la zona y controlar ese picor hasta que la piel sane del todo.

Y aunque es mucho menos frecuente, ciertos tumores pueden lesionar las orejas y provocar rascado. Es una razón más de peso para no quedarse en casa adivinando y acudir cuanto antes a la clínica veterinaria.

👀 ¿Cómo limpiarle las orejas en casa?

Una vez que el veterinario te dé el visto bueno, la limpieza en casa es tu mejor aliada, tanto para tratar un problema como para prevenirlo.

Pero hay que hacerla bien, porque una oreja mal limpiada es peor que no tocarla.

Usa siempre productos específicos para oídos de gato: líquidos limpiadores y torundas o bastoncillos pensados para ellos.

Y nunca metas el bastoncillo a lo profundo del canal; límpiate solo lo que ves en la parte externa.

Nunca, jamás: alcohol ni productos pensados para personas. No trates a tu gato como una rata de laboratorio ni experimentes con él.

Su oído es delicadísimo, y lo que a ti te parece inofensivo puede hacerle mucho daño.

El procedimiento correcto es sencillo: aplica el líquido, masajea con suavidad la base de la oreja para que se reparta bien por dentro y deja que sacuda la cabeza. Después, retira con cuidado la suciedad que suba a la parte visible.

Unas manos masajeando con suavidad la base de la oreja de un gato que se deja hacer relajado, en casa

Hazlo todo con delicadeza, sin prisas ni tirones, para no dañar una zona tan sensible. Si notas que le duele, que se queja o que la oreja está muy inflamada, para y consulta: puede que haya algo más que una simple limpieza pendiente.

Truco para gatos inquietos: si no se deja manipular, envuélvelo con suavidad en una toalla dejándole fuera la cabeza. Así lo sujetas sin agobiarlo y evitas arañazos, y todo va mucho más rápido para los dos.

Y un consejo de oro que funciona con casi todo: termina siempre con un premio y unas palabras cariñosas. Si tu gato asocia la revisión de orejas con algo bueno, la próxima vez cooperará de mucho mejor grado.

⏳ Míralas una vez por semana

La mejor cura es, como casi siempre, la prevención, y con los oídos resulta bastante sencilla.

La clave está en la revisión regular: esa ojeada semanal te permite pillar cualquier problema en cuanto empieza, cuando aún es fácil de resolver.

Una persona revisando tranquilamente las orejas de un gato contento sentado en su regazo, como rutina de cuidado

Mantén al día la desparasitación externa, con pipetas o collares antiparasitarios, para cerrarle la puerta tanto a los ácaros como a las pulgas. Es una de las medidas que más disgustos evita a lo largo del año.

Cuida también su entorno: evita el humo del tabaco, los ambientadores fuertes y los productos químicos cerca de él, que pueden irritarle. Y si sospechas de una alergia alimentaria, coméntalo con el veterinario antes de cambiarle la dieta por tu cuenta.

Y si alguna vez le mojas las orejas, al bañarlo o por accidente, sécaselas bien con suavidad. La humedad retenida en el canal es el ambiente perfecto para que proliferen hongos y bacterias, así que nunca la dejes ahí dentro.

Si convives con varios gatos, la prevención es cosa de toda la casa. Revisa las orejas de cada uno con regularidad y, ante un caso de ácaros, trata a la vez a toda la tropa para que no se lo vayan pasando sin parar entre ellos.

🩺 ¿Cuándo acudir al veterinario sin falta?

Como has visto, detrás de una oreja rascada puede esconderse cosas muy distintas, y muchas de ellas necesitan tratamiento profesional.

Jugar a adivinar en casa solo hace que se pierda un tiempo valioso.

Acude al veterinario si el rascado es persistente, si ves cera oscura, mal olor, enrojecimiento o heridas, o si el gato inclina la cabeza o parece dolorido. Cuanto antes se identifique la causa exacta, mucho mejor será el pronóstico.

Cogido a tiempo, casi todo esto se resuelve con una limpieza y unas gotas. Dejado correr, en cambio, puede convertirse en una infección crónica, mucho más molesta para el gato y bastante más cara y complicada de tratar para ti.

Un gato relajado y a gusto tumbado en el sofá después de sus cuidados, con las orejas limpias y expresión de alivio

Y nunca, bajo ningún concepto, experimentes con remedios caseros ni con productos para humanos. El oído del gato es una zona muy delicada, y ese "no pasa nada por probar" es justo lo que suele empeorar las cosas.

Que un gato se rasque las orejas es, casi siempre, un problema con solución. Sea un ácaro, una alergia o una otitis, detectarlo pronto y seguir el tratamiento hasta el final suele bastar para devolverle la tranquilidad.

tienes el papel más importante de todos: observarlo, revisarle los oídos con cariño y no dejar pasar las señales. Ese pequeño hábito semanal vale más que cualquier tratamiento de urgencia cuando el problema ya está montado.

Al final, unos oídos sanos son una parte importante de un gato feliz. Y ver cómo se relaja después de una buena limpieza, libre por fin de eso que le molestaba, compensa de sobra ese ratito de cuidados que le dedicas.

Apuntes finales
1Se trata con antibióticos o antifúngicos específicos.
2una orejita ligeramente sucia no es señal de alarma.
3El canal auditivo del gato tiene forma de ele.

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