Cómo cuidar a un gato recién esterilizado, paso a paso

Un gato adormilado saliendo con calma de un transportín abierto en el recibidor de una casa

Acabas de esterilizar a tu gato y vuelves a casa con él medio dormido en el transportín, sin saber muy bien qué hacer ahora. Es una sensación de lo más normal, y casi todo el mundo pasa por ella la primera vez.

La esterilización es una cirugía rutinaria y segura, y la recuperación suele ser bastante rápida y sencilla: muchos gatos están casi como si nada al día siguiente.

Aun así, hay una serie de cuidados que conviene tener claros para que todo vaya bien, sobre todo durante los primeros días en casa, y algunos no son tan evidentes como parecen.

Índice

🏠 Las primeras horas en casa

Al llegar a casa, lo más probable es que tu gato siga aturdido por la anestesia. Puede estar confundido y asustado, y hasta el gato más dulce y cariñoso es capaz de ponerse arisco cuando se siente así. No te lo tomes como algo personal.

Un gato aturdido descansando sobre una manta mullida en un rincón tranquilo, recuperándose

Un detalle que no todo el mundo conoce: los veterinarios suelen aplicarle una pomada protectora en los ojos para que no se le sequen durante la cirugía. Por eso, al volver a casa, tu gato puede tener la visión un poco borrosa.

Con todo esto, lo mejor es colocarlo en un lugar oscuro, tranquilo y con poca luz, donde pueda recuperarse en paz durante las primeras 24 horas. Ese ambiente sin estímulos le ayudará a pasar la resaca de la anestesia mucho mejor.

Un gato descansando en un rincón acogedor, oscuro y silencioso de la casa, con luz muy tenue

Durante ese primer día, mantén a las otras mascotas y a los niños de la casa lejos de él.

Necesita calma absoluta, no visitas ni juegos.

Y si puedes, quédate cerca esa primera noche para vigilar cómo está y atender cualquier cosa que surja.

La resaca de la anestesia suele desaparecer del todo en unas 24 horas. A partir de ahí, su personalidad volverá poco a poco a la normalidad, y pronto lo verás otra vez haciendo de las suyas por toda la casa.

Y no te alarmes por los detalles raros de esas primeras horas: que esté flojo, que se tambalee o que rechace tus mimos es todo efecto de la anestesia, no una señal de que algo vaya mal. Al día siguiente será prácticamente otro gato.

¿Cómo cuidarlo tras la operación?

🍽️ Agua y comida los primeros días

Con la comida y el agua hay que ir con tiento las primeras horas.

Los anestésicos dan náuseas, así que ofrécele una cantidad pequeña de agua fresca al llegar, y ve rellenando el recipiente poco a poco para evitar que vomite.

Un gato junto a un pequeño cuenco de agua fresca en el suelo de una habitación tranquila

Cuando lo veas despierto y espabilado, ofrécele también algo de comida, otra vez en poca cantidad.

Si vomita, retírale la comida de alrededor y no vuelvas a darle hasta la mañana siguiente.

Al día siguiente ya puedes volver a sus raciones normales.

Es completamente normal que el primer día no quiera comer.

No lo obligues: tiene reservas de sobra y mañana estará mejor.

Pero si pasadas 48 horas sigue sin comer ni beber con normalidad, ahí sí toca llamar al veterinario.

Para esos primeros días va muy bien una dieta blanda: comida húmeda de lata o sobre, o un poco de caldo de pollo casero, eso sí, sin cebolla, sin ajo y sin sal, que son tóxicos para el gato. La comida húmeda le facilita hacer sus necesidades sin esfuerzo.

Un cuenco de comida húmeda para gato en el suelo, con un gato acercándose con interés

Un truco sencillo: templa un poco su comida. Tras la anestesia les baja la temperatura corporal, y un plato tibio y oloroso les resulta más apetecible y les ayuda a entrar en calor y a recuperarse antes.

Una persona ofreciendo un cuenco de comida templada a un gato que se recupera tumbado en su cama

Nunca le des analgésicos humanos

Entre las 24 y las 36 horas tras la operación, es normal que tu gato sienta una pequeña molestia, sobre todo las gatas, cuya cirugía es más grande. Verlo un poco incómodo puede tentarte a darle algo para el dolor, pero cuidado.

Peligro, muy importante: nunca le des analgésicos para humanos. La aspirina y el ibuprofeno son venenosos para los gatos y pueden provocarle complicaciones graves e incluso la muerte.

Jamás lo automediques.

Si crees que tu gato necesita algo para el dolor, la única vía correcta es llamar al veterinario.

Él te dirá qué medicamento y qué dosis son seguros para tu mascota.

Y si te ha mandado alguna medicación, síguela al pie de la letra.

Ten en cuenta también que algunos veterinarios no recetan nada porque no lo consideran necesario. Si es tu caso, no le des nada por tu cuenta pensando que ayudas: en este terreno, menos es más y más seguro.

¿Que no se toque los puntos?

La herida es la parte que más cuidado requiere, sobre todo en las hembras.

Su cirugía es más grande que la de los machos y lleva más puntos, así que hay que evitar a toda costa que se los quite o que la herida se ensucie.

Collar isabelino o faja postoperatoria

Un gato con un collar isabelino descansando tranquilo en su camita en casa

Para que no se lama ni se muerda la herida tienes dos opciones.

La clásica es el collar isabelino, ese cono que le impide llegar a la barriga.

Funciona, pero es aparatoso, le tapa la visión y a muchos gatos les estresa bastante.

La alternativa, muy cómoda para las hembras, es una faja o body postoperatorio. Cubre la herida, la protege del polvo y le impide quitarse los puntos, y a la vez le deja ver, comer y beber sin problemas y con mucho menos estrés que el cono.

Por experiencia, la mejor faja se hace con una simple camiseta de algodón ajustada con tiras: deja respirar la herida y se adapta bien al cuerpo. Los machos, con su herida pequeña, casi siempre se apañan solo con el collar isabelino.

Una gata llevando un body postoperatorio de algodón suave, descansando en un rincón acogedor

Lleve faja o collar, deberá mantenerlo puesto hasta que le retiren los puntos, como mínimo unos diez días. Aunque le resulte incómodo al principio, es lo que evita el desastre de una herida abierta a medio cicatrizar.

La cura de la herida

El primer día no hace falta tocar la herida.

A partir del segundo día, lo ideal es limpiarla a diario, si tu gata se deja incluso un par o tres de veces al día, porque eso acelera la cicatrización y previene infecciones.

Usa siempre una gasa, nunca algodón: el algodón deja fibras pegadas a la herida y puede provocar justo la infección que queremos evitar. Limpia con agua y un jabón neutro, o solo con agua tibia si no se deja poner el jabón.

Unas manos limpiando con suavidad la barriga de un gato con una gasa, en un ambiente doméstico

Después, aplícale un antiséptico suave, como el yodo, que es barato y ayuda a prevenir infecciones y a cicatrizar. Los puntos se suelen retirar a los diez días; algunos veterinarios usan puntos que se disuelven solos y no hay que quitar.

Existen también antisépticos en spray, muy cómodos porque solo tienes que rociar la zona sin frotar. Uses lo que uses, mantén la faja o el collar puestos hasta que le retiren los puntos: quitarlos antes de tiempo es pedir problemas.

La arena sucia puede infectar la herida

Aunque coma poco, tu gato acabará necesitando su arenero.

Colócale uno bien limpio y cerca de su zona de descanso, para que no tenga que caminar mucho ni hacer esfuerzos los primeros días.

Una bandeja de arena limpia colocada junto a la camita de un gato que descansa cerca

La limpieza aquí es doble de importante: si la arena está sucia, puede meterse en la incisión y provocar una infección. Mantenlo impecable durante toda la recuperación y estarás cuidando su herida sin darte cuenta.

En cuanto al baño, ni se te ocurra las primeras semanas: le añadiría un estrés que no necesita. Si huele un poco, recurre a un baño en seco o a unas toallitas húmedas para gatos, que lo dejan aseado sin mojarlo ni agobiarlo.

No te asustes, además, si alguna gata se hace pipí incluso dormida los primeros días: es de lo más normal tras la operación. Ten mantas a mano para mantenerla tapada y seca, y llévala al arenero cuando la notes inquieta.

Sobre la arena, algunos tipos de papel o en pellets no se pegan a la herida, así que podrías planteártelos estos días. Eso sí, un cambio brusco de arena a veces no le gusta al gato y acaba haciéndolo fuera, así que valóralo con cuidado.

🐱 Nada de saltos ni escaleras

El reposo es clave.

Debes mantener a tu gato completamente en casa durante siete días para asegurarte de que se recupera del todo, y de paso para poder vigilar de cerca su ánimo y su actividad.

Un gato descansando tranquilo dentro de casa junto a una ventana, en su semana de reposo

Durante esa primera semana, evita que suba escaleras, trepe o pegue saltos.

Moverse demasiado puede reabrir las incisiones y ralentizar la cicatrización, justo lo contrario de lo que buscamos.

La calma es la mejor medicina ahora.

Lo más práctico es prepararle un cuarto tranquilo, a nivel del suelo, con todas sus cosas: comida y agua junto a la zona de descanso, y el arenero en un sitio algo apartado. Un espacio pequeño donde le sea fácil estar quieto.

Si es de los que no paran, puedes dejarlo un rato en su transportín o en una cesta de ropa para que no ande saltando. Y si tienes escaleras, bloquéalas de forma temporal, por ejemplo con una caja, para que no haga esfuerzos de más.

Vigila especialmente el peso: un gato con sobrepeso corre más riesgo de que la herida se le abra con el esfuerzo. Si el tuyo está gordito, extrema la calma esos días y no le quites ojo a la incisión, que es su punto más débil.

El primer día es el más difícil

Prepárate, porque el primer día suele ser el más duro de todos.

Es normal que veas a tu gata con la mirada perdida, que no consiga mantenerse en pie y que hasta se caiga.

Es puro efecto de la operación y la anestesia, nada más.

También notarás que duerme muchísimo más de lo habitual, así que tenle preparadas cajas, guaridas o camas donde pueda dormir calentita y a salvo. Recuerda que tras la anestesia les baja la temperatura y tienden a tener frío.

Un gato durmiendo acurrucado y calentito dentro de una cama cubierta y mullida en un rincón

A muchas gatas, ese primer día, lo que más las calma es estar tumbadas sobre las piernas de su humano, bien tapadas con una manta. Notarás que a veces se despiertan de un brinco; solo hay que volver a acomodarlas y taparlas, y se duermen otra vez.

¿Cuándo llamar al veterinario?

La mayoría de las recuperaciones van como la seda, pero conviene saber cuándo pedir ayuda.

Los anestésicos pueden causar diarrea o estreñimiento durante 24 o 48 horas; si pasados dos días no hace sus necesidades con normalidad, llama al veterinario.

Avisa al veterinario si: tu gato no come ni bebe pasadas 48 horas, no puede hacer pis o caca en dos días, la herida se ve enrojecida, hinchada o supura, o el gato está muy apagado y decaído más allá del primer día. Ante la duda, mejor una llamada de más.

No te confíes tampoco con la herida.

Revísala a diario y fíjate en que tenga buen aspecto: sin secreciones, sin mal olor y sin una inflamación exagerada.

Cualquier cosa rara es motivo para consultar, no para esperar a ver qué pasa.

Y recuerda: la revisión de la semana con el veterinario no es opcional.

Es cuando comprueba que todo ha ido bien, retira los puntos si toca y le da el alta, además del collar o la faja.

No te la saltes por muy recuperado que lo veas.

📈 La recuperación según la edad

No todos los gatos se recuperan al mismo ritmo, y la edad tiene mucho que ver.

Por norma general, cuanto más joven es el gato, más rápido se recupera.

Los cachorros suelen estar como si nada casi desde el primer día.

Una persona hablando por teléfono mientras mira con atención a su gato que descansa cerca

De hecho, la edad recomendada para esterilizar ronda los cinco meses, antes del primer celo y cuando la recuperación es más ágil. Pero también influye el carácter de cada gato: cada uno lleva su propio ritmo y su propia forma de encajar la operación.

Los machos, con su cirugía tan pequeña, se recuperan en un par de días como mucho. Las hembras pueden estar algo más incómodas el segundo o el tercer día, porque la cicatriz les tira un poco, pero enseguida vuelven a la normalidad.

Al final, cada gato es un mundo: la edad, el peso y el carácter marcan lo rápido que se recupera. Lo que sí notarás en casi todos es que, pasados los primeros días, se vuelven más tranquilos, más cariñosos y más de estar tranquilos en casa.

En resumen, cuidar a un gato recién esterilizado es más sencillo de lo que parece: calma, reposo, una herida limpia y protegida, comida blanda y mucho cariño. Con eso, la naturaleza hace el resto en muy pocos días.

Es normal sentir un poco de angustia al verlo flojito la primera tarde, pero confía: esa imagen dura poquísimo. En nada lo tendrás otra vez correteando por casa, y con la tranquilidad de haberle regalado una vida más sana y más larga.

Un gato ya recuperado correteando lleno de energía por el salón de casa

Sigue estos pasos, ten paciencia esas primeras horas y déjate guiar siempre por tu veterinario ante cualquier duda. Tu gato no recordará el mal trago, pero tú sí sabrás que hiciste, por él, una de las mejores cosas posibles.

Apuntes finales
1cuanto más joven es el gato, más rápido se recupera.
2veas despierto y espabilado, ofrécele también algo.
3ronda los cinco meses, antes del primer celo.

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