Cómo entrenar a un gato y enseñarle trucos fáciles

¿Quién ha dicho que los gatos no pueden hacer trucos? Todo el mundo repite que los perros son obedientes y listos y que los gatos van a su bola, y es una milonga como una catedral.
Los gatos son animales muy inteligentes y, aunque sean más independientes que un perro, aprenden un montón si se lo enseñas bien. Desde chocar la patita hasta acudir cuando los llamas, hay trucos al alcance de casi cualquier gato.
Solo necesitas saber cómo aprende de verdad un gato y unos cuantos trucos sencillos para empezar a entrenar con el tuyo hoy mismo. Ya verás cómo te sorprende.
Antes de enseñarle el primer truco
Entrenar a un gato no tiene ningún misterio, pero sí requiere hacer las cosas con cabeza. Si arrancas con las herramientas y la actitud adecuadas, el camino será mucho más llevadero para los dos.
Nada funciona sin premios y paciencia
Hay tres cosas fundamentales que necesitas antes de enseñarle nada.
La primera son chuches que le gusten de verdad: un trocito de pavo, de pollo o su premio favorito. Sin una buena recompensa, tu gato no tendrá ninguna motivación para colaborar contigo.

La segunda es actitud positiva. El entrenamiento tiene que ser un rato agradable, nunca una imposición.
Si te lo tomas como un juego y transmites buen rollo, tu gato lo asociará con algo divertido y querrá repetir la experiencia.

Y la tercera, quizá la más importante, es paciencia. Un gato no aprende un truco en cinco minutos: puede llevarte varios días con cada fase, y a veces hasta semanas.
No tengas prisa ni te frustres si al principio no sale a la primera.
💡 ¿Cómo aprende de verdad un gato?
Para enseñarle bien, primero hay que entender cómo funciona su cabeza.
Los gatos aprenden mucho por observación: te ven hacer algo, o ven a otro gato de la casa hacerlo, y piensan "si ese lo hace, yo también puedo". Así copian tanto lo bueno como lo malo.

Pero la herramienta que de verdad vas a usar tú es el refuerzo positivo, que consiste en premiar las conductas que quieres que se repitan.
Es, con diferencia, la forma más efectiva y respetuosa de enseñarle cualquier cosa a un gato.

Lo que nunca, jamás, funciona es regañarle o gritarle. Eso solo consigue que te tenga miedo y que asocie tu voz con algo malo.
Un gato no aprende a base de castigos; aprende a base de premios y de mucha repetición.
Sí existe una forma de corrección que funciona sin dañar la relación: el llamado castigo negativo, que consiste en quitarle algo que le gusta.
Por ejemplo, si te reclama a zarpazos por la noche, ignorarlo por completo le enseña que así no consigue tu atención.
Para las conductas que quieres cortar en el momento, funciona muy bien el método de distraer, interrumpir y redirigir: le lanzas una pelotita o das una palmada para romper la acción y luego lo llevas hacia lo que sí puede hacer.
Y en cuanto acierta, refuerzo positivo otra vez.
El castigo físico no tiene ningún lugar en el entrenamiento.
Sesiones cortas y antes de comer

Los entrenamientos tienen que ser sesiones cortas y divertidas. U
n gato aburrido o saturado desconecta enseguida, así que es mejor dedicarle unos pocos minutos varias veces al día que una única sesión larga y pesada.
Elige además un momento en el que esté motivado.
Un buen truco es aprovechar los ratos previos a la comida, cuando tiene hambre y las chuches le resultan mucho más irresistibles. Un gato con el estómago lleno no tendrá tantas ganas de trabajar.
Y sé constante. Márcate objetivos realistas, como que aprenda a sentarse o a venir cuando lo llamas, y no esperes milagros de un día para otro.
Con gatos jóvenes suele ir más rápido, pero los adultos también aprenden perfectamente.

🍽️ Dale el premio en el acto
Como el refuerzo positivo es la base de todo lo que viene después, merece la pena entender bien cómo se aplica.
La técnica es sencilla, pero tiene un par de detalles que marcan la diferencia entre que funcione o no.
Cada vez que tu gato haga lo que quieres, dale la recompensa que hayas elegido, ya sea una chuche, unas caricias o un rato de juego.
Y muy importante: acompáñala siempre de una palabra, como "bien", dicha justo en el momento en que acierta.
No todos los gatos se mueven por lo mismo. A algunos les pierde la comida, pero otros valoran más una sesión de caricias o un rato con su juguete preferido.
Prueba distintas recompensas y quédate con aquella que veas que de verdad le motiva.

Sea cual sea la recompensa, dásela siempre en el acto, en el mismo instante en que hace lo correcto.
Si tardas aunque sean unos segundos, el gato no relacionará el premio con la conducta y no habrá manera de que entienda qué le estás premiando exactamente.
Al principio, prémialo todas y cada una de las veces que haga la conducta, siempre con su palabra.
Necesita esa constancia para entender qué es exactamente lo que le pides y que hacerlo le trae algo bueno.
Otra herramienta que ayuda muchísimo es un clicker, ese aparatito que usan los adiestradores de perros y que hace un "clic" muy característico. Es un sonido único e inocuo, que no se repite en el día a día, y que le marca con precisión el instante justo en que ha hecho bien las cosas.
Trucos fáciles para empezar
Con los fundamentos claros, vamos a lo divertido.
Estos trucos se enseñan por fases: no pases a la siguiente hasta que domine la anterior, y si en algún punto se atasca, da un paso atrás y vuelve a ayudarle. Sin prisas.
No hace falta que se los enseñes todos a la vez ni en un orden concreto. Elige uno, trabájalo hasta que lo domine y solo entonces pasa al siguiente.
Intentar mezclar muchos trucos a la vez al principio solo consigue liarlo.
Y recuerda trabajar siempre con el gato motivado y receptivo. Si notas que se cansa, se distrae o se marcha, déjalo para otro rato: forzar una sesión cuando ya no quiere solo consigue que le acabe cogiendo manía al entrenamiento.
Dar la patita

Empezamos por enseñarle a dar la patita, un clásico que suele salir bastante bien. En la primera fase, sujeta con suavidad su patita y prémialo al momento.
Repite el gesto durante varios días para que asocie levantar la pata con recibir su chuche.
En la segunda fase, toca su patita y coloca tu mano debajo, para que sea él quien la apoye sobre ella. En cuanto lo haga, prémialo.
Y en la tercera, simplemente muéstrale la mano y espera a que te toque solo con la pata para darle su recompensa.
Cuando lo domine, puedes complicarlo pidiéndole también la otra pata, o subir la mano un poco más para que parezca que "choca los cinco" contigo. A partir de ahí, la imaginación es el límite.
Dar la vuelta
El siguiente es que dé la vuelta sobre sí mismo.
En la primera fase, coloca una chuche junto a su hocico y guíalo con la mano describiendo un círculo, de modo que al seguirla dé la vuelta completa. Al terminar, prémialo.

En la segunda fase, cuando ya siga bien tu mano, ve separándola poco a poco para retirar esa ayuda gestual y empieza a introducir la palabra "vuelta" mientras hace el movimiento.
Así irá ligando el gesto con el comando hablado.
En la tercera fase, dile solo "vuelta" y dale tres o cuatro segundos para pensar.
Si no lo hace, no pasa nada: seguramente vas demasiado rápido, así que retrocede una fase y vuelve a ayudarle con la mano hasta que lo tenga afianzado.
Pasar entre las piernas

Otro truco vistoso es que pase entre las piernas haciendo un eslalon. En la primera fase, guíalo con una chuche en la mano para que pase entre tus piernas y, cuando lo haga, prémialo.
Ve repitiéndolo hasta que le salga con soltura.
En la segunda fase, retira poco a poco la ayuda de la mano y empieza a decir "pasa" cada vez que cruza. En la tercera, bastará con el comando: dices "pasa" y él lo hace.
Como siempre, si se atasca, da un pasito atrás y vuelve a guiarlo.
Sentarse
También puedes enseñarle a sentarse, igual que un perro.
Aprovecha cada vez que veas que se va a sentar por su cuenta: en el momento en que va a apoyar el culete, di "sienta" y, cuando lo haga, prémialo con un "muy bien" y su chuche.
Si quieres mejorarlo, acompaña la orden con un gesto, como señalar el suelo con el dedo.
Así el gato integra que ese gesto y esa palabra significan lo mismo, y con el tiempo se sentará solo con que se lo pidas. Luego, ya sabes, ve espaciando los premios.
Ten en cuenta que un gato no es un perro pequeño y no responde a las órdenes por obediencia, sino porque le compensa.
Mientras el truco le siga trayendo cosas buenas, lo repetirá encantado; en cuanto deje de merecerle la pena, dejará de hacerlo.
🐱 Enséñale a acudir a tu llamada

Si solo vas a enseñarle una cosa, que sea esta: acudir a tu llamada, porque es utilísima en el día a día.
La mejor forma de conseguir que venga es con un bote que tenga chucherías o pienso dentro, de esos que hacen ruido al agitarlos.
Empieza cerca de él, con un bote con chucherías en la mano. Di la orden "ven" mientras lo agitas, y en cuanto se acerque, dale una chuche para que sepa que ha acertado.
El gato irá asociando ese sonido y esa palabra con que algo bueno le espera si acude.

Poco a poco, ve aumentando la distancia: llámalo desde más lejos, desde otra habitación... Al principio prémialo siempre, y cuando ya venga sin dudarlo, pasa al premio intermitente.
Pero la orden y el sonido del bote acompáñalos siempre.
Este truco, además, es un seguro estupendo.
El día que tu gato se despiste o se esconda, ese sonido asociado a la comida hará que aparezca mucho antes que si solo lo llamas por su nombre a voces.
Si no quieres usar una palabra, puedes elegir un chasquido con la lengua o cualquier sonido que no hagas en tu día a día.
Lo importante es que sea siempre el mismo, para que tu gato lo identifique al instante con que lo estás llamando.
📌 Un gato entrenado da menos guerra
Quizá pienses que enseñar trucos es una simple tontería, pero tiene beneficios muy reales.
Para empezar, es una forma estupenda de estimular su inteligencia y de mantener su mente despierta y ocupada.
También sirve para canalizar su energía.
Un gato que dedica un rato al día a pensar y a trabajar contigo descarga tensión y se queda mucho más tranquilo, lo que se traduce en menos travesuras y menos destrozos por la casa.

Con estas mismas técnicas puedes lograr incluso que un gato arisco tolere mejor tus caricias: acercándote con premios, acariciándolo un poquito y recompensándolo, aumentando muy poco a poco y parando siempre antes de que se agobie. Todo es cuestión de paciencia.
Además, un gato educado te da muchos menos quebraderos de cabeza.
En lugar de estar todo el día temiendo que se suba a las cortinas o arañe el sofá, sabrás redirigir esas conductas hacia donde tú quieras con estas mismas técnicas.
Y, sobre todo, refuerza el vínculo entre vosotros.
Todo ese tiempo de calidad que pasáis juntos, tú pendiente de él y él pendiente de ti, hace que vuestra relación sea más estrecha y que confíe más en ti. Aprender juntos une muchísimo.
Como ves, eso de que los gatos no se pueden entrenar es un mito con muy poco fundamento.
Con chuches, buena actitud y paciencia, tu gato es perfectamente capaz de aprender trucos que dejarán con la boca abierta a cualquiera que los vea.
Empieza por lo más sencillo, ve fase a fase y celebra cada pequeño avance.
No compares a tu gato con ningún otro ni con ningún perro: cada uno tiene su ritmo, y lo importante es que los dos disfrutéis del proceso.
Así que ya sabes: coge sus premios favoritos, busca un ratito tranquilo antes de la comida y ponte a ello. Te sorprenderá lo mucho que puede llegar a aprender ese "compañero independiente" que creías que pasaba de todo.
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