Cómo presentar a tu nuevo gato correctamente

Has decidido traer un segundo gato a casa y te ronda la duda: ¿cómo se lo tomará el que ya tienes? El momento de la presentación asusta, y con razón: de ahí depende que acaben siendo amigos o enemigos.
Hay dos formas de hacerlo. La más extendida es tenerlos separados unos días y juntarlos poco a poco, pero cada vez más educadores felinos apuestan por la presentación directa, bien hecha y con reglas claras.
Lo importante es preparar bien la llegada del nuevo, saber qué hacer en el momento del encuentro y, sobre todo, qué no debes hacer jamás. Vamos paso a paso.
🐱 ¿Adaptación lenta o encuentro directo?
El método de toda la vida es la adaptación clásica: mantener a los dos gatos separados en habitaciones distintas y juntarlos progresivamente a lo largo de los días.
Sobre el papel suena prudente, pero en la práctica tiene un problema serio.

Ese proceso puede prolongarse durante semanas y, en muchos casos, hasta meses: cuatro, seis, ocho meses de adaptación que se hace eterna.
Además, tanta separación puede crear una especie de "línea invisible" y meter a los gatos en cuestiones de territorio que antes ni existían.
Es muy habitual que, llegado el día de abrir la puerta tras esas dos semanas, la gente crea que ha hecho algo mal al ver que los gatos se tienen recelo.
En realidad, buena parte de ese recelo lo ha generado la propia separación, no una incompatibilidad entre ellos.

Por eso muchos educadores prefieren la presentación directa. Bien aplicada, es una técnica comprobada que suele dar resultados positivos y mucho más rápidos, siempre y cuando se cumplan unas reglas básicas que veremos a lo largo de este artículo.
Puede que no te dejen dormir un par de noches. Pero si aguantas y haces las cosas bien, en muy poco tiempo se harán amigos.
Prepara el terreno el día antes
La presentación empieza mucho antes de que el gato nuevo cruce la puerta.
Cuanto mejor prepares el terreno y al gato que ya vive contigo, más fácil será que todo salga rodado.
La improvisación es la principal enemiga de una buena presentación.
Tener cada cosa pensada de antemano te permitirá centrarte en observar a los gatos el día del encuentro, en lugar de andar corriendo a buscar el transportín o a cerrar una puerta a última hora.
¿Que el residente llegue tranquilo?

La primera regla de oro es que el gato residente llegue al encuentro lo más tranquilo posible.
Un gato nervioso o con demasiada energía acumulada se comportará de forma mucho más agresiva con el recién llegado.
Para conseguirlo, establece una buena rutina de juego con él al menos una semana antes de la llegada del nuevo.
Con sesiones diarias que le hagan descargar energía, estará más equilibrado y recibirá al otro gato con mucha menos tensión.

Ten en cuenta que, cuando dos gatos empiezan a relacionarse, su juego puede ser muy brusco y dar la impresión de que se están atacando o mordiendo.
Un residente relajado ayuda a que ese primer contacto se quede en juego y no derive en pelea de verdad.
Dedícale esa semana previa a jugar con él a diario, con sesiones que terminen con el gato cansado y satisfecho.
Un felino que llega al encuentro con las pilas gastadas tiene mucha menos necesidad de descargar tensión sobre el recién llegado.
Cierra las puertas de las habitaciones
Antes de abrir nada, conviene cerrar las puertas de las habitaciones.
Así evitas que, en cuanto se vean, haya carreras y persecuciones por toda la casa que no puedas controlar. Que todo el encuentro ocurra en un espacio acotado.

Bloquea también los escondites problemáticos, como el hueco de debajo del sofá, donde podría montarse una pelea en la que no llegues a meter las manos.
No es que vaya a haber peleas, pero más vale tomar la precaución por si acaso.
Y usa un buen transportín para traerlo, de esos de plástico duro, mucho más seguro que las típicas bolsas blandas de tela.
Va a ser una pieza clave en los primeros minutos, así que asegúrate de que cierra bien.
Prepara también con antelación los recursos del nuevo: su propio cuenco de comida, su agua, un arenero extra y algún sitio donde pueda refugiarse.
Que cada gato disponga de lo suyo evita muchos roces por competencia durante los primeros días.
El momento del encuentro, paso a paso
Llega el gran día. Con la casa preparada y el residente tranquilo, toca gestionar el encuentro con calma y siguiendo un orden.
Estos primeros minutos son los más importantes de todo el proceso.
¿Que se vean desde el transportín?
Nada más llegar, coloca el transportín cerrado con el gato nuevo dentro en medio del salón y déjalo ahí unos diez o quince minutos.
No lo abras de golpe: hacerlo demasiado rápido asusta a los gatos, y un gato asustado es un gato nervioso.
Durante ese rato, tanto las personas como los gatos van bajando revoluciones, y los dos felinos se ven y se hacen conscientes el uno del otro poco a poco.
Es un tiempo valiosísimo para que asuman la nueva situación sin sobresaltos.
No hay un tiempo exacto: pueden ser siete minutos o pueden ser quince, según lo que veas.
La idea es que, cuando por fin abras, todos hayan tenido ocasión de calmarse y de asumir que hay alguien nuevo en la habitación.
Fíjate además en lo que ocurre: si tu gato se acerca a oler al otro a través de la rejilla y el nuevo también lo huele, es buena señal.
Algún bufido suave es completamente normal y no debe preocuparte.
📌 ¿Debe salir por sí mismo?

Cuando toque abrir, no cometas el error de presentar al gato nuevo en el transportín ni sacarlo tú en brazos.
Lo correcto es abrir la puertecita, apartarte un poco y dejar que salga por sí mismo, a su ritmo y cuando se sienta preparado.

Coloca el transportín a unos cinco o seis metros del residente antes de abrir, para que no haya una carrera inmediata.
En cuanto el nuevo salga, cierra el transportín y apártalo, para que ninguno de los dos se meta dentro y se líe ahí una pelea.
Es normal que el gato residente, al ver al intruso, se asuste, lo empuje o le suelte algún manotazo.
Está defendiéndose y dejándole claro que ese territorio es suyo. Lo hará durante uno, dos o tres días, según el carácter de cada uno.
No te alarmes por esos primeros manotazos y empujones: forman parte del guion.
Mientras se queden en eso y no vayan a más, tu gato solo está poniendo las cosas en su sitio, algo que necesita hacer para aceptar después la nueva convivencia.
Colócate entre los dos gatos

Lo ideal es que te sitúes en medio de los dos gatos, guardando una buena distancia entre ellos.
Esa distancia es justo lo que reduce las probabilidades de que uno se eche encima del otro en el primer arranque.
Lo importante en este punto es que haya el contacto visual entre ambos y que sea lo más tranquilo posible.
El primer día no tienen por qué acercarse, olerse ni hacerse amigos; ya habrá tiempo de sobra para eso más adelante.
Si en casa sois varias personas, que el resto se quede quieto y en silencio.
Cuantos más estímulos haya alrededor, más nervioso se pone el gato, así que menos movimiento y menos voces significan menos posibilidades de que pase algo indeseado.
Tú, mientras tanto, mantén la calma y un tono relajado.
Los gatos son extremadamente sensibles a nuestro estado de ánimo, y si te ven tenso o nervioso lo interpretarán como que hay motivo para estarlo y se pondrán todavía más en guardia.
✨ La regla de oro: no intervengas
Aquí está la regla más difícil de cumplir y, a la vez, la más importante de todas: pase lo que pase, no hay que intervenir.
Si los dos gatos tienen un encontronazo, no los separes; déjales que se arreglen entre ellos.

Puede sonar duro, pero tiene una explicación de peso.
Cuando dos gatos están concentrados el uno en el otro, no ven ni oyen nada de lo que pasa a su alrededor.
Si te metes en medio, los asustas, y ese susto se lo van a asociar al gato que tienen enfrente.
El resultado es el peor posible: a partir de ahí empiezan los ataques de verdad, y eso sí que es tremendamente difícil de solucionar.
Es decir, por intentar evitar una pelea, provocas justo la guerra que querías evitar.
Confía en ellos. Los gatos saben perfectamente cómo relacionarse entre sí; llevan haciéndolo toda la vida y no necesitan que un humano les dirija la conversación.
Tu papel es simplemente estar cerca por si acaso, no arbitrar el encuentro.

Y no te dejes engañar por las apariencias. La mayoría de estos encontronazos son más ruido que otra cosa: bufidos y maullidos muy fuertes, algún golpe con la mano y, sobre todo, mucho teatro.
Verás que se les eriza el pelo y se ponen en posturas de lo más aparatosas, dando la sensación de que se van a matar.
Pero, salvo que hayamos roto alguna de las reglas anteriores, no es más que su forma natural de establecer quién es quién.

Esta fase de aspavientos suele durar poco.
En cuanto ambos tienen claro el reparto de papeles, el nivel de tensión baja de golpe y empiezan a coexistir con una tranquilidad que, después de la que has presenciado, casi cuesta creer.
😴 Los primeros días y la primera noche

Si desde que has abierto el transportín no ha habido ningún problema serio, un buen indicador es no separarlos ni siquiera por la noche.
Deja que pasen juntos la primera noche, siempre que el ambiente esté relativamente tranquilo.
A partir de ahí, es cuestión de días que empiecen a tolerarse y a estar más o menos amigos.
No te agobies si el proceso no es inmediato: cada gato tiene su ritmo y algunos necesitan un poco más que otros.
Durante esos primeros días es posible que sigan soltándose algún bufido o que mantengan las distancias, y es perfectamente normal.
Lo importante es que la tendencia general vaya a mejor: cada día un poco más cerca y un poco más tranquilos.
Con darles tiempo y no meter la pata, la relación irá cuajando sola.

También ayuda mucho haber elegido bien. En la medida de lo posible, procura que el perfil del nuevo gato encaje con el del que ya tienes en cuanto a edad, energía y carácter, porque eso facilita enormemente que congenien.
Por ejemplo, a un gato mayor y tranquilo no siempre le sienta bien un cachorro incansable que quiera jugar a todas horas, y al revés.
Pensar en esa compatibilidad antes de adoptar te ahorra bastantes problemas después.
Y recuerda que el objetivo de estos primeros minutos y horas es que sean lo más perfectos posible.
Cuanto mejor salga ese arranque, mejor irá todo lo demás, así que vale la pena dedicarle toda tu atención y tu calma.
Presentar a un gato nuevo correctamente no es cuestión de suerte, sino de método.
Prepara al residente, cuida el momento del encuentro y, sobre todo, resiste la tentación de intervenir cuando la cosa se ponga aparatosa.
Si cumples estas reglas, lo más probable es que en pocos días tengas a los dos conviviendo en paz, en lugar de meses de tensión con el método clásico. Ten paciencia, confía en su naturaleza y limítate a darles tiempo para entenderse.
Al final, ver a tus dos gatos compartiendo sofá, juegos y siestas compensa con creces esos primeros días de nervios. Merece la pena hacerlo bien desde el principio para disfrutar después de una convivencia tranquila y duradera.
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