Gato esfinge (sphynx): todo lo que debes saber

La primera vez que ves un gato esfinge no se te olvida. Su piel arrugada, sus orejas enormes y esa ausencia casi total de pelo lo convierten en uno de los felinos más llamativos que existen.
Mucha gente piensa que es un gato frío, extraño o difícil de cuidar. La realidad te va a sorprender: detrás de ese aspecto de pequeño alienígena se esconde uno de los gatos más cariñosos que puedes tener en casa.
De dónde viene, por qué nació sin pelo y qué necesita de verdad para estar sano: todo eso lo vas a descubrir aquí. Y te adelanto algo: casi todo lo que creías saber sobre él es un mito.
🛁 ¿Por qué no tiene pelo?
La pregunta que todo el mundo se hace al verlo es siempre la misma: ¿por qué está calvo? La respuesta está en sus genes, no en una enfermedad ni en un capricho de la naturaleza.
Un equipo de la facultad de veterinaria de una universidad de California resolvió el enigma en 2010. Descubrieron que su falta de pelo se debe a una mutación genética muy concreta.
Esa mutación afecta al gen encargado de dar queratina al pelo, la proteína que lo mantiene firme, justo en el momento en que este empieza a asomar por el folículo.
Y aquí viene lo que de verdad sorprende: el pelo sí llega a formarse. El problema es que nace con una estructura tan débil que se rompe y se cae casi al instante.
Por eso, más que un gato sin pelo, el esfinge es un gato cuyo pelo apenas logra sostenerse. No le duele ni le afecta a su salud: simplemente le deja esa piel desnuda tan característica.

🎾 Nació por accidente en Canadá
El nombre engaña, y mucho. Muchos asocian al esfinge con el antiguo Egipto, como si fuera un gato de faraones, pero su historia real no tiene nada que ver con las pirámides.
Tampoco nació en Nuevo México ni en París, dos lugares a los que a veces se le atribuye. Su cuna verdadera está mucho más al norte de lo que imaginas.
Todo apunta a que el sphynx moderno surgió en la década de 1960 en Canadá, y lo hizo por pura casualidad, sin que nadie lo planeara ni lo buscara.
La historia es entrañable. Una gata doméstica de pelo corto, llamada Elizabeth, tuvo una camada en la que apareció un gatito completamente sin pelo.
Lo llamaron Prune.
Aquel pequeño accidente de la naturaleza fue el principio de todo. A partir de Prune, los criadores fueron fijando esa rareza hasta dar forma a la raza que hoy conocemos en el mundo entero.
Si te fascinan las razas con historias así de curiosas, no es la única: el gato angora turco también carga siglos de leyenda a sus espaldas.

💛 Más cariñoso de lo que parece
Su cara de pocos amigos le ha hecho mucho daño. Ha aparecido en películas al lado de villanos, en brazos de personajes malvados, y eso ha creado la idea de que es un gato frío y distante.
Nada más lejos de la realidad. El esfinge es tremendamente cariñoso y extrovertido, uno de esos gatos que te siguen por toda la casa buscando tu compañía a cada rato.
Le encanta acurrucarse. Como su cuerpo pierde calor con facilidad, busca tu contacto sin parar: se mete bajo las mantas y se pega a tu piel para robarte un poco de temperatura.
Si tienes niños u otras mascotas, buenas noticias: es sociable por naturaleza y suele llevarse bien con todos. Rara vez es el típico gato arisco que se esconde de las visitas.
También es activo, curioso y muy juguetón. Necesita atención y estímulo a diario, así que si buscas un felino independiente que pase de ti, quizá esta no sea tu raza.

¿Un gato raro y minoritario? Otro mito más.
Según una de las mayores asociaciones felinas del mundo, el esfinge fue la décima raza más popular en 2021. Solo otras nueve lo superaban.
Ese carácter casi perruno lo comparte con otras razas muy familiares, como el gato bobtail americano, famoso por recibirte en la puerta y seguirte a todas partes.
🐾 Su piel lleva una pelusa fina
Que lo llamen "gato sin pelo" no es del todo exacto. Si lo acaricias, notarás que su piel está cubierta por una finísima capa de pelusa, suave como la piel de un melocotón.
Esa pelusa apenas se ve, pero cumple su función: le ayuda a conservar algo de calor y a amortiguar un poco los cambios de temperatura. Sin ella estaría todavía más expuesto.
Y es que el frío es su gran talón de Aquiles. El esfinge tiene una temperatura corporal más alta que el resto de gatos: supera en unos 2,5 grados la media de las demás razas.
Eso significa que quema muchísima energía para mantenerse caliente y que pierde ese calor con enorme facilidad al no tener manto que lo aísle. Por eso siempre anda buscando fuentes de calor.

Lo verás pegado al radiador, tumbado bajo una lámpara o colándose bajo el edredón contigo. Muchos tutores les ponen jerséis y ropa de abrigo, y no es un capricho: de verdad lo agradecen.
En cuanto al tamaño, es un gato mediano y musculoso, lejos de las razas de gatos grandes, aunque su piel arrugada y sus orejotas le dan muchísima presencia.
Da más trabajo del que crees
Aquí llega la parte que más sorprende a quien piensa en adoptar uno. Al no tener pelo, mucha gente cree que el esfinge da menos trabajo que un gato normal.
Es justo al revés.
Su piel desnuda y su metabolismo acelerado le crean unas necesidades muy particulares. Nada complicado, pero sí constante.
Estos son los cuidados que no puedes descuidar en tu día a día con él.

Baños cada una o dos semanas
Sin pelo que absorba la grasa, su piel acumula sebo y se vuelve pegajosa al tacto. Por eso el esfinge necesita algo impensable en otros gatos: bañarse con regularidad.
Un baño cada una o dos semanas, con un champú suave apto para gatos, mantiene su piel limpia y evita manchas grasientas en las telas. Acostúmbralo desde cachorro y lo llevará mucho mejor.
Orejas y uñas siempre limpias
Esa grasa no se queda solo en la piel. Sus orejas, sin pelo que filtre la suciedad, producen mucha cera y hay que limpiarlas a menudo con un producto adecuado para ellos.

Lo mismo pasa con las uñas: el sebo se acumula en su base y conviene revisarlas cada semana. Es un gesto rápido que previene molestias e infecciones muy fáciles de evitar.
Protección frente al sol
Su piel expuesta es muy sensible al sol. Igual que a nosotros, una exposición prolongada puede provocarle quemaduras, así que ojo con las siestas largas junto a la ventana en verano.
Ofrécele siempre zonas de sombra y evita que se ase al sol directo en las horas fuertes. Un poco de sol le encanta, pero en exceso su piel lo termina pagando caro.
Una dieta rica en energía
Recuerda que su cuerpo funciona como una pequeña estufa. Para sostener esa temperatura tan alta necesita más calorías que un gato corriente, sobre todo en las épocas de más frío.
Su apetito suele ser notable, casi voraz. Ofrécele un alimento de calidad y raciones ajustadas a su gasto, sin pasarte, para que tenga energía de sobra sin acabar con sobrepeso.
Siente el frío más que nadie
Ya sabes que siente el frío, así que protégelo de las corrientes de aire, especialmente cuando es cachorro. Una camita caliente y bien resguardada le vendrá de maravilla.

En invierno, una manta térmica para mascotas o un jerseicito ligero marcan la diferencia. No es humanizarlo por capricho: es darle el abrigo que su cuerpo no puede fabricar por sí solo.
Dos dudas antes de adoptar uno
Nos quedan por derribar un par de mitos más y hablar de un tema serio: su salud. Porque un gato tan especial también tiene sus puntos débiles que conviene conocer antes de decidirte.
¿Es un gato hipoalergénico?
Es la gran duda de quien tiene alergia. Como apenas tiene pelo, se le atribuye ser hipoalergénico, pero no lo es.
La alergia la provoca una proteína de su saliva y su piel, no el pelo en sí.
Quien es alérgico a los gatos también reaccionará con el esfinge. Eso sí, al no soltar pelos por muebles y ropa, resulta más fácil de limpiar y los síntomas pueden ser algo más llevaderos.
Los baños regulares que ya vimos ayudan bastante a reducir esa proteína sobre la piel. Aun así, si eres alérgico, pasa tiempo con uno antes de adoptar para ver cómo reacciona tu cuerpo.

Otro tópico curioso: se piensa que un gato sin pelo es todo rosa. Falso.
El esfinge presenta muchísimos colores y patrones en su piel: blanco, negro, chocolate, e incluso dibujos como el cálico o el carey.
La pigmentación que tendría en el pelo queda a la vista directamente sobre la piel. Por eso pocas razas muestran ejemplares tan distintos entre sí como esta.
¿Qué problemas de salud tiene?
Aquí toca ponerse serios. El esfinge tiene cierta predisposición a problemas de corazón, en concreto a la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad que engrosa el músculo cardíaco.
No todos los ejemplares la desarrollan, pero es lo bastante frecuente en la raza como para tenerla muy presente. Por eso un criador responsable revisa el corazón de sus reproductores.
Su piel también pide vigilancia: irritaciones, exceso de grasa u hongos son gajes de vivir sin pelo. Con higiene y revisiones veterinarias periódicas, la mayoría de estos problemas se controlan bien.

Como ves, el gato esfinge es mucho más que un felino sin pelo. Es un animal cariñoso, sociable y lleno de sorpresas, pero también uno que exige un cuidado atento y muy constante.
Si estás dispuesto a darle calor, baños, mimos y revisiones, te devolverá una compañía difícil de igualar. Se pegará a ti, dormirá en tu cama y te seguirá a todas partes.
No es un gato para todo el mundo, y está bien reconocerlo. Pero para quien busca un compañero intenso y muy apegado, pocas razas dan tanto amor por metro cuadrado de piel arrugada.
Ahora ya sabes de dónde viene, por qué está calvo y qué necesita de verdad. Si el mundo de las razas te atrapa tanto como a nosotros, sigue explorando: cada gato esconde una historia que merece la pena.
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