Devon rex: orejas de duende y rizos que apenas sueltan pelo

En 1960, en una casa del sur de Inglaterra, una gata callejera parió una camada de gatitos corrientes. Todos menos uno: aquel bicho tenía el pelo rizado y las orejas enormes.
Su dueña lo llamó Kirlee y dio por hecho que era un cornish rex, la raza de pelo ondulado de la que hablaban los periódicos. Se equivocaba de gato y de gen.
De aquel error nació una raza entera: el devon rex, con su cara de duende, su pelo de terciopelo y una fama de gato apto para alérgicos que conviene desmontar cuanto antes. A ti quizá te lo hayan vendido justo así, como el gato que no da alergia.
🐾 El rizo que salió de una mina
Beryl Cox vivía a las afueras del pueblo, junto a los restos de una vieja mina de estaño abandonada. Entre aquellas ruinas malvivía una colonia de gatos sin dueño, y en ella rondaba un macho rizado que nadie logró atrapar.
Cox alimentaba a una hembra de carey de esa misma colonia, y la gata terminó pariendo en su jardín. De aquella camada salió Kirlee.
Fue el único gatito rizado de todos sus hermanos, con unas orejas descomunales que le daban aire de murciélago pequeño.
Cox había leído sobre el cornish rex, otra raza rizada aparecida diez años antes a ochenta kilómetros de allí. Escribió a los criadores contándoles lo que tenía en el salón.
La respuesta llegó entusiasmada. Si aquel gatito llevaba el mismo gen, ampliaba muchísimo el plantel de reproductores rizados, que entonces se contaba con los dedos de una mano.

El apellido rex, por cierto, no es ningún título nobiliario: se lo tomaron prestado a unos conejos de pelo rizado. Los británicos le añadieron el nombre del condado.
¿Por qué no es un cornish rex?
El plan parecía obvio: cruzar a Kirlee con las hembras rizadas de Cornualles y multiplicar los gatos ondulados de golpe.
Toda la camada nació con el pelo liso. Ni un solo gatito rizado, y tampoco fue mala suerte: se repitió el cruce y volvió a ocurrir.
En genética eso solo admite una lectura. Los dos padres llevaban rizos, sí, pero cada uno por un gen distinto.
Cada raza lleva un gen distinto
Ambas son recesivas, así que hacen falta dos copias para que se vean. El devon las lleva en un gen de la queratina del folículo, el KRT71 de la ficha.
El cornish tiene su cambio en otro gen. Por eso los criadores acabaron numerándolos: gen 1 para el cornish, gen 2 para el devon, y a cada uno su raza.
La diferencia se nota con la mano. El cornish no conserva pelos de guarda y luce ondas regulares, como un campo de trigo peinado por el viento.

El devon sí los mantiene, cortos y quebradizos. Su pelaje sale más irregular, con rizos abiertos y zonas donde el pelo casi desaparece.
Idea clave: dos gatos rizados no son parientes por serlo. Cruzar un devon con un cornish no da rizos: da gatitos de pelo normal que llevan escondidas las dos mutaciones.
👀 Las orejas mandan en su cara
Las orejas mandan en la cara. Son enormes, de base muy ancha y punta redondeada, implantadas bajas y hacia los lados, casi a la altura de la mandíbula.
La cabeza forma una cuña corta, con pómulos altos, mejillas llenas y un hocico chato con un escalón evidente bajo los ojos.
Los ojos, grandes y muy separados, rematan la famosa cara de duende. El cuerpo va aparte del cuento: delgado, de pecho ancho y sorprendentemente musculado.
Bigotes cortos y rotos
Las vibrisas también le salen rizadas, así que se parten enseguida. Muchos ejemplares las llevan cortísimas y algunos apenas conservan unas cuantas.
No es enfermedad ni descuido: viene incluido en el gen del rizo, igual que las cejas quebradas y el pelo escaso de las orejas.

Un manto corto y sin subpelo
El manto es corto, ondulado y casi no tiene subpelo. Al tacto recuerda más al terciopelo o a la gamuza que al pelo de un gato común.
Es normal que tenga zonas ralas detrás de las orejas, en el cuello y en la barriga. No es una alopecia mientras la piel se vea sana.
Los cachorros pasan además por una fase desconcertante: entre los dos y los seis meses pierden buena parte del rizo y parecen medio pelones.
Vuelve a crecer solo, aunque el pelaje definitivo no se asienta hasta cerca del año.
🤝 Gato, perro y mono a la vez
Quien convive con uno acaba repitiendo la misma frase: de gato tiene el cuerpo y poco más. Lo demás parece copiado de otras especies.
De perro saca el recibimiento en la puerta, el seguimiento por toda la casa y una facilidad rara para aprender su nombre y algún truco.
De mono, las alturas. Trepa por cortinas y estanterías y termina siempre en el punto más alto de la habitación.

Su sitio favorito, aun así, son los hombros. Sube de un salto y se acomoda alrededor del cuello como una bufanda que ronronea.
La comida es su punto débil
Es un ladrón consumado: levanta tapas, abre armarios entornados y se lleva lo que haya en el plato si te giras un segundo.
Aguanta mal la soledad
Es de las razas que peor llevan la casa vacía. Ocho o diez horas solo, todos los días, le pasan factura en destrozos o maullidos.
Si trabajas fuera, plantéate un segundo animal de compañía. Se entiende bien con perros tranquilos y con gatos jóvenes y activos.

Vigila las señales: pelo arrancado a lametones, comida ignorada o pis fuera del arenero avisan de aburrimiento, no de manía.
🐱 ¿Es de verdad un gato hipoalergénico?
Aquí es donde más gente se lleva un disgusto caro. La respuesta honesta es no, no lo es, por mucho que lo repitan los anuncios.
La alergia al gato no la provoca el pelo, sino una proteína llamada Fel d 1, que el animal fabrica en la saliva y en las glándulas de la piel.
Al lamerse la reparte por el cuerpo, se seca en escamas microscópicas y flota por la casa pegada al polvo durante meses.
El devon rex la produce igual que cualquier otro gato. Ninguna raza está libre de ella: ni las rizadas, ni las siberianas, ni las que van desnudas.
Lo que sí es cierto es que suelta muy poco pelo. Con tan poco subpelo hay menos vehículo repartiendo alérgeno por sofás, ropa y alfombras.
Algunas personas sensibles lo toleran mejor y otras reaccionan igual, porque la cantidad de proteína varía por individuo, no por raza.

Antes de comprometerte: si en casa hay una alergia diagnosticada, pasa varias tardes con el gato concreto que te vas a llevar, no con la raza en abstracto. La tolerancia se comprueba, no se promete.
Rutinas que otras razas no necesitan
Es un gato de mantenimiento extraño. Casi nunca hay que cepillarlo, pero exige rutinas que otras razas no necesitan y que casi nadie cuenta antes de venderlo.
La piel se le engrasa sola
Un gato normal reparte el sebo por un manto denso que lo absorbe. Este apenas tiene manto, así que la grasa se queda en la piel.
Se nota al tacto y en las manchas que deja en los cojines claros. Un paño tibio cada pocos días resuelve casi todo.
Cuando no baste, un baño corto con champú suave para gatos. Nada de cepillos duros: rompen el pelo rizado y lo dejan más ralo todavía.
Le sale cera oscura de sobra
Esas orejas acumulan cera oscura con una facilidad llamativa, en parte por la piel grasa y en parte por su tamaño.
Revísalas cada semana y limpia solo el pabellón con una gasa. El bastoncillo no entra nunca en el canal: empuja la suciedad hacia dentro.

Si aparece cera negra, olor fuerte o rascado insistente, toca veterinario. Ahí ya no es higiene: son ácaros o infección.
Grasa acumulada bajo las uñas
En la base de cada uña se le forma una pasta parduzca y grasienta que otros gatos no tienen. Es sebo atrapado en el pliegue de la piel.
Córtale la punta cada dos o tres semanas y limpia ese pliegue con una gasa. Dejarlo pasar termina en hongos o en dedos inflamados.
Es friolero de verdad
Con poco pelo y poca grasa corporal pierde calor mucho más rápido. Por eso duerme pegado a ti, bajo el edredón o encima del portátil.
Dale sitios calientes y seguros: camas cerradas, mantas dobladas y un rincón soleado sin corrientes de aire.
Y controla las fuentes de calor. Se pega a radiadores y estufas hasta quemarse sin apartarse a tiempo, porque el frío le puede más que el dolor.
Come más que otros gatos
Mantener la temperatura cuesta energía, y ese gasto se paga en calorías. Suele necesitar raciones algo mayores que otro gato de su mismo peso.
Eso no significa barra libre. Reparte la comida en varias tomas y pálpale las costillas una vez al mes.

Tres problemas de salud que vigilar
Es una raza razonablemente sana y muy activa, pero arrastra tres afecciones hereditarias documentadas. Conocerlas sirve, sobre todo, para elegir criador con criterio.
Miocardiopatía hipertrófica
Consiste en un engrosamiento del músculo cardiaco que impide al corazón llenarse bien de sangre. Es la cardiopatía felina más frecuente.
Avanza callada durante años, así que la única forma de adelantarse es la ecografía cardiaca periódica. Respiración agitada en reposo o una pata trasera que falla son urgencia del mismo día.
Luxación de rótula
La rótula se sale de su surco y la rodilla se bloquea un instante. Se ve como un salto en seco al caminar.
Los casos leves solo piden control de peso. Los graves se operan, y por eso conviene que el criador explore las rodillas de los reproductores.
Miopatía espástica hereditaria
Es la más propia de la raza. Afecta a la orden que viaja del nervio al músculo y da la cara en los primeros meses de vida.
Los cachorros afectados llevan la cabeza baja, se cansan enseguida y se atragantan al comer por la debilidad de la garganta.
Se hereda de forma recesiva y existe una prueba genética que identifica a los portadores. Con los dos padres analizados, no aparece en la camada.

Qué pedirle al criador: prueba de ADN de la miopatía, ecografía cardiaca reciente, rodillas exploradas y el grupo sanguíneo de la madre, porque el tipo B es frecuente en esta raza.
Puesto todo junto, el devon rex es un gato de compañía intensiva. No decora la casa: participa en ella, desde tu hombro y a media conversación.
Encaja bien con quien pasa tiempo en casa y con quien quiere un gato que responda en lugar de mirarlo todo desde lejos.
Encaja mal con las jornadas de doce horas fuera y con quien lo compra convencido de que no le dará alergia.
Si aun así te decides, asume el paquete completo: paños, orejas, uñas y mantas. A cambio tendrás más de una década de duende trepando por los muebles.
Deja una respuesta