10 cosas que tu gato quiere que sepas

Te sientas en el sofá, lo llamas por su nombre y él te mira medio segundo antes de largarse a la otra punta del salón. Amamos a nuestros gatos, pero muchas veces no entendemos lo que nos piden.
Se esconden, maúllan raro o nos dan la espalda, y creemos que son animales imposibles de descifrar. Y te queda esa sensación rara de convivir con alguien a quien no acabas de entender.
La verdad es que tu gato te habla todo el tiempo; solo hace falta aprender a escucharlo. Aquí tienes diez cosas que tu gato quiere que sepas para que viva más tranquilo, sano y feliz a tu lado.
💡 No es tan solitario como crees
Lo primero que casi todos escuchamos sobre los gatos es que prefieren estar solos. Es uno de los mitos más repetidos y, a la vez, uno de los más falsos: a tu gato le encanta la compañía cuando confía en ti.
Un gato que pasa demasiadas horas solo en casa puede volverse triste y apático. No necesita que estés encima de él, pero sí notar que compartís el mismo espacio y que cuentas con él a lo largo del día.
Interactúa con él a diario: acarícialo, háblale con calma o deja simplemente que descanse en la misma habitación que tú. Si vas a salir varias horas, dedícale antes una buena sesión de juego para que se quede relajado.
Y si tu gato se pasa solo casi todo el día, todos los días, plantéate adoptar a un compañero. Dos gatos bien presentados se hacen mutuamente la mejor compañía cuando tú no estás.

No todas las caricias le gustan
Acariciar a tu gato parece lo más natural del mundo, pero para él no todas las caricias son agradables. Tocarle en el sitio equivocado puede incomodarlo o enfadarlo en cuestión de segundos.
Sus zonas favoritas
A los gatos les encanta que les acaricies debajo de la barbilla, en las mejillas y en la base de las orejas. Ahí tienen glándulas de olor y es donde más a gusto se sienten con tus manos.
Prueba este gesto que casi siempre funciona: frota con suavidad su garganta subiendo de la oreja hacia el hombro. Muchos gatos ronronean al instante y levantan un poco la cola de puro gusto.

Las zonas que prefiere que evites
La barriga y la cola son, para la mayoría de gatos, territorio prohibido. Aunque se tumbe panza arriba, casi nunca es una invitación a tocarle el vientre: suele ser un gesto de confianza, no un permiso para meter mano.
¿Y cómo saber qué prefiere tu gato en concreto? La mejor forma es dejar que sea él quien te lo diga.
Coloca la mano quieta frente a su cara y observa dónde se frota: esas serán, sin duda, sus zonas favoritas.

🎾 Necesita cazar aunque viva en un piso
Aunque nunca haya pisado la calle, tu gato es un depredador de pies a cabeza. Ese instinto no desaparece por vivir en un piso: necesita una vía de escape cada día para no aburrirse ni frustrarse.
Por eso muchas veces prefiere perseguir un juguete que quedarse quieto en tu regazo. Le encanta acechar, saltar y atrapar, esconderse en cajas y lanzarse sobre un ratón de peluche o una simple bolita de papel.
El mejor juguete es la caña con plumas, porque imita a una presa que huye de verdad. Dedícale sesiones cortas cada día, y termina siempre dejándole cazar, para que no se quede frustrado.
Ese ratito juntos, además, refuerza vuestro vínculo.

Un truco que funciona muy bien es rotar los juguetes. Guarda la mitad en un cajón y cámbialos cada semana: al reaparecer, tu gato los percibe como nuevos y recupera el interés.
Así evitas comprar de más y mantienes viva su curiosidad durante meses.
💧 Bebe menos agua de la que necesita
Los gatos descienden de antepasados del desierto y, por eso, beben poca agua por su cuenta. En origen sacaban casi toda la hidratación de sus presas, y ese hábito les ha quedado grabado en el instinto.
Un gato debería beber entre 50 y 100 mililitros de agua por cada kilo de peso al día. Es decir, un gato de cuatro kilos necesita unos 200 mililitros diarios, y a muchos les cuesta llegar solos a esa cifra.
Para ayudarlo, ofrécele siempre agua fresca en un cuenco de cristal o acero inoxidable, mejor que de plástico. La comida húmeda también suma mucho, porque contiene un 70-80% de agua en cada lata.
Y si aun así ves que bebe poco, una fuente de agua para gatos suele ser la solución. El agua en movimiento les llama la atención y consigue que beban mucho más sin apenas darse cuenta.

Reparte además varios puntos de agua por la casa, siempre lejos del arenero y del comedero. En la naturaleza un gato nunca bebe junto a donde come, y ese instinto sigue intacto: a veces un cuenco mal colocado es la única razón por la que apenas lo toca.
Su arenero y su refugio son sagrados
Hay dos cosas que tu gato cuida con verdadera obsesión: dónde hace sus necesidades y dónde se retira a descansar. Descuidar cualquiera de ellas es fuente segura de problemas y de estrés en casa.
Un arenero limpio y bien colocado
Los gatos son muy exigentes con su higiene. Si el arenero está sucio o mal puesto, buscarán otro rincón de la casa para hacer sus necesidades, y no te va a gustar cuál elijan.

Colócalo en un lugar tranquilo, alejado de su comida, y que sea amplio para moverse dentro con soltura. Usa arena aglomerante y sin perfumar, límpialo a diario y, si tienes espacio, ofrécele más de uno repartidos por la casa.
Un espacio solo para él
Tu gato es cariñoso, pero también necesita momentos de soledad. A veces se retira no porque esté enfadado contigo, sino porque necesita sentirse seguro y recargar energías a su manera, sin que nadie lo moleste.
Dale lugares que sean exclusivamente suyos: la repisa de una ventana, un punto alto desde donde vigilarlo todo o una camita apartada del trajín. Respeta esos ratos y verás cómo vuelve solo a buscar mimos.

Te oculta cuando algo va mal
Este es quizá el punto más importante de todos. Los gatos esconden el dolor y la enfermedad por instinto: en la naturaleza, mostrarse débil los convertía enseguida en presa fácil para otros depredadores.
Fíjate en cambios de peso y apetito
Cuando un gato por fin "parece" enfermo, muchas veces lleva ya tiempo sintiéndose mal. Por eso tú eres su mejor detector: fíjate en cambios de peso, de apetito, de aseo o de comportamiento.
Llévalo al veterinario para una revisión al menos una vez al año, y cada seis meses si ya es mayor. Detectar un problema a tiempo lo cambia todo y suele ser mucho más fácil de tratar antes de que se agrave.

El ronroneo no siempre significa felicidad
Solemos pensar que un gato que ronronea está siempre contento, pero no es tan simple. A veces ronronean por estrés, miedo o dolor, usándolo como una forma de calmarse y consolarse a sí mismos.
Por eso no te quedes solo con el sonido: observa su lenguaje corporal completo. Si ronronea pero está tenso, escondido o distinto de lo normal, es una señal de que algo puede no ir bien.
🐾 Rascar es una necesidad, no un capricho
Cuando tu gato araña el sofá no lo hace para fastidiarte, aunque lo parezca. Rascar le sirve para afilar las uñas, estirar todo el cuerpo y marcar su territorio con el olor que dejan sus patas.
La solución nunca es reñirle, sino ofrecerle alternativas mejores. Coloca varios rascadores por la casa y pon uno justo al lado del sitio que ya suele arañar.
Así proteges tus muebles y a él lo dejas tranquilo.
Lo que nunca debes hacer es recurrir a fundas de plástico para sus uñas ni cortárselas como castigo. Rascar forma parte de su naturaleza, y impedirlo del todo le genera estrés sin resolver nada.
Con un par de rascadores bien situados el problema suele desaparecer en pocas semanas.
Y hay una última cosa que tu gato te pide todos los días, aunque no la diga: paciencia. Muchas veces no te ignora por cabezota, sino porque hay cosas de nuestro mundo que todavía no entiende ni tiene por qué entender.
En lugar de gritarle o castigarlo, enséñale con calma y refuerza siempre lo que hace bien. El miedo rompe la confianza; la paciencia y el cariño la construyen día a día, poco a poco.

Al final, tu gato no pide grandes cosas. Compañía, caricias bien dadas, juego, agua fresca, un arenero limpio, su espacio, salud vigilada y paciencia: con eso ya lo tienes casi todo.
Empieza hoy por una de estas diez y nota cómo cambia vuestra relación.
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