American curl: orejas que se doblan hacia atrás al crecer

Te asomas a una camada de american curl recién nacida y no ves nada raro. Las orejas están rectas, pequeñas y pegadas a la cabeza, iguales que las de cualquier gatito del mundo.
Unos días más tarde empiezan a irse hacia atrás y ahí arranca lo interesante. Cada hermano se riza a su manera, y ninguno termina exactamente igual que los demás.
Hasta que esa curva se detiene y se queda quieta, nadie sabe del todo qué gato tiene delante. Ni el criador con muchas camadas a la espalda, ni tú mirando fotos del anuncio a las once de la noche.
Nacen con las orejas rectas
Un american curl recién nacido no se distingue de un gatito común. Las orejas le salen rectas, cortas y con la punta hacia arriba.
La mutación ya está dentro, desde antes de nacer. Lo que no ha ocurrido todavía es que el cartílago se pliegue.
Eso rompe una idea muy extendida: la de que una raza se reconoce nada más nacer. Aquí, no.

Aquí hay que esperar y mirar. Y lo que se ve al mirar no siempre es lo que se queda.
El american curl no es el único gato de orejas curvadas: el highlander también las lleva hacia atrás. Pero eso es otra historia y otro gen.
Lo que define a este gato es cuándo aparece la curva: después del parto, delante de quien esté cuidando la camada.
La mutación es dominante. Basta con que uno de los dos padres la lleve para que en la camada haya gatitos que la hereden.

Por eso el cruce más habitual es un curl con un gato de orejas rectas, y en el nido salen de los dos tipos.
Los de orejas rectas no son un fallo ni un descarte. Son gatos completos que sostienen la raza por dentro, y luego explicamos por qué.
La curva no aparece de golpe
Los primeros días son los que deciden casi todo. La punta de la oreja empieza a torcerse hacia atrás antes incluso de que el gatito abra los ojos.
Y no se para donde va a quedarse. En muchos gatitos se riza más de la cuenta, con un arco cerrado que impresiona.

Luego se afloja. La oreja se relaja, pierde parte de esa vuelta y parece que va a volver a lo de antes.
No vuelve del todo. Va y viene durante semanas, apretándose un poco y soltándose otro poco.
Ese vaivén es lo normal y desespera a quien está esperando saber qué le ha tocado. El dibujo definitivo no se cierra hasta pasados unos meses.
Antes de eso, cualquier juicio sobre un gatito es provisional. Una foto de la tercera semana no dice nada del adulto.
Quien cría en serio conoce esta montaña rusa y no promete nada por adelantado. Reservar por una foto de recién nacido es reservar a ciegas.

Por qué no te lo entregan tan pronto
Hay una razón práctica detrás de la espera, además de las semanas que todo gatito necesita con su madre.
Hasta que la oreja no se para, no se puede clasificar al animal. Y de esa clasificación depende su precio y su destino.
Un criadero que entrega antes de tiempo está vendiendo una incógnita. Ni él sabe lo que te está dando, aunque lo diga con mucha seguridad.
¿Cuánta curva pide el estándar?
Entre criadores, las orejas no se describen con adjetivos: se describen por grados. Es un lenguaje corto y todo el mundo lo entiende.

Son tres escalones y marcan la diferencia entre un gato de exposición y un gato de sofá. Nada más, pero tampoco nada menos.
El estándar no se conforma con «curvada». Pide un arco de entre 90 y 180 grados, medido desde la posición recta.
Quedarse corto es un defecto y pasarse también. Una oreja que se vuelca tanto que llega a rozar la propia cabeza se penaliza igual que una casi recta.
Se pide además que la base sea firme y sólida al tacto. La punta, en cambio, ha de ser redondeada y flexible.
Y la simetría cuenta. Las dos orejas deben ir a juego, con el mismo grado y la misma inclinación.

Conviene decir algo que se olvida con facilidad: el grado no habla del carácter ni de la salud. Un primer grado es exactamente el mismo gato.
Lo que cambia es la mesa del juez y, en algunos criaderos, la etiqueta del precio. En el salón de tu casa no cambia absolutamente nada.
Esa oreja no se toca
Aquí está el consejo que casi nadie da y que más falta hace. El cartílago del curl es rígido, más grueso y más duro que el de una oreja normal.
No es una oreja blanda que se pueda colocar. Es una estructura firme que, si la fuerzas, se puede dañar y le duele.

Y por su forma, esa curva hace de repisa. Lo que en otro gato se airea y cae solo, aquí se queda dentro.
✋ No la dobles ni la estires
Ni para enderezarla, ni para rizarla más, ni para enseñársela a nadie. La oreja no se manipula jamás.
Tampoco se juega con ella. Si hay niños en casa, esa es la primera norma que se explica y se repite.
Cuando necesites sujetar la cabeza del gato, agárrala por debajo de la barbilla y nunca por el pabellón.

🧼 Límpiala solo por la parte visible
La forma curvada retiene cera con más facilidad, así que toca revisarla más a menudo que en otro gato.
Se limpia con una gasa o un algodón y un producto que te dé el veterinario, aplicado con suavidad.
Nunca se mete nada en el canal. Los bastoncillos empujan la cera hacia dentro y compactan justo lo que querías sacar.
🔦 Míralas una vez por semana
Un vistazo corto con buena luz basta. Buscas mal olor, exceso de cera oscura, enrojecimiento o costras en el borde.

También te fijas en él. Si sacude la cabeza o se rasca una oreja mucho más que la otra, algo pasa.
Eso no se resuelve en casa a base de limpiezas. Se lleva al veterinario, que es quien mira dentro y decide.
🧸 Acostúmbrale de cachorro
Un gato al que le han tocado las orejas desde pequeño se deja limpiar sin pelea toda la vida.
Se empieza con caricias muy breves en la base, en un momento tranquilo, y se termina con premio.

Y siempre en la misma dirección de la curva. Nunca a contrapelo del arco, que es donde se fuerza el cartílago.
El gato que no termina de crecer
Fuera de las orejas, lo que engancha de esta raza es el carácter. Se queda en cachorro para siempre, o casi.
Un curl adulto sigue persiguiendo tapones de botella con la misma ilusión que a los cuatro meses. La edad no le apaga el juego.
Es de los que te siguen de habitación en habitación sin pedir nada, solo por estar donde estás tú.
Se sube a lo alto de los armarios, inspecciona las bolsas de la compra y se sienta encima del teclado. Curioso hasta el fastidio.

Habla poco y bajito. Un trino más que un maullido, y solo cuando de verdad quiere algo.
Suele llevarse bien con niños, con visitas y con perros tranquilos. No es un gato que se esconda cuando suena el timbre.
El reverso de esa moneda es que lleva mal la soledad larga. Muchas horas solo todos los días no es su plan.
Con ese manto de poco subpelo, el mantenimiento es sencillo: un cepillado semanal basta en el de pelo corto, y algo más en el semilargo.

De una gata callejera a un estándar
La historia empieza en California, a principios de los años ochenta, con una gata negra de pelo largo que se presentó sola en una casa.
Tenía las orejas vueltas hacia atrás y nadie sabía por qué. La familia se la quedó y le puso nombre: Shulamith.
Cuando tuvo camada, varios gatitos repitieron la misma curva. Ahí se vio que el rasgo se heredaba y que bastaba un progenitor para transmitirlo.
De aquella gata desciende toda la raza. Cada american curl del mundo tira de ese mismo hilo.

Una base así de estrecha tiene un riesgo evidente, y por eso se hizo lo que se hizo: permitir cruces con gatos domésticos de orejas rectas.
Para qué sirven los hermanos de orejas rectas
Esos cruces ensanchan el acervo genético y mantienen la raza lejos de la consanguinidad. No son un parche, son parte del diseño.
De ahí que casi cualquier camada traiga gatitos de los dos tipos. Los rectos no sobran: son el motor de la salud del conjunto.
Es también la explicación de que en esta raza no exista la camada perfecta. Ni se busca.

Lo raro del american curl no es que lleve las orejas al revés. Es que haya que esperar para saber cómo las llevará.
Ese margen de incertidumbre ordena todo lo demás: la edad a la que se entrega, quién sube a una exposición y quién se va derecho a un sofá.
Lo más probable es que el tuyo sea un primer o un segundo grado. Es el gato más común de la raza y no le falta nada de nada.
Y una vez en casa, la norma es corta y no admite excepciones. Esa oreja se mira, se limpia con cuidado y se deja en paz.
Todo lo demás es un gato ligero y entrometido que se sienta en tu portátil, te acompaña al baño y no se entera de que ya es mayor.
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