60 comportamientos raros de los gatos y su explicación

Tu gato lleva media hora dormido en el sofá y, sin previo aviso, sale disparado por el pasillo como si algo invisible le persiguiera. Tres minutos después vuelve, se lame una pata y se duerme otra vez.
Luego se sienta justo encima del libro que estás leyendo, te mira sin parpadear y, si te descuidas, te planta el trasero en la cara.
Nada de eso es un capricho suelto ni una manía de tu gato en concreto. Detrás de cada rareza hay olfato, instinto de caza, búsqueda de calor o una forma de hablarte sin palabras. Y casi todas se entienden mucho mejor de lo que parece.
¿Por qué tu gato hace cosas raras?
La lista de comportamientos extraños de un gato es larguísima, pero casi todos salen de cuatro fuentes: el olfato, el instinto, el calor y la necesidad de comunicarse contigo.
Un gato doméstico sigue funcionando con el manual del cazador solitario que fue durante milenios. Cambió el escenario, no el programa.
Un mundo escrito en olores
El olfato es su principal fuente de información: se le atribuyen hasta doscientos millones de receptores olfativos dedicados a leer el ambiente.
Pero es que además fabrica su propio olor. Tiene glándulas productoras de feromonas en las mejillas, la barbilla, las patas y la base de la cola.
Cada vez que se frota contigo te está firmando. Como esa firma se evapora, vuelve a repetirla cada pocos días.

Un cazador que también era presa
Un gato caza ratones, sí, pero en libertad también estaba en el menú de otros. Esa doble condición explica media lista de rarezas.
Por eso entierra sus heces, busca huecos cerrados para dormir y desconfía de cualquier objeto nuevo que aparezca en casa.
No es miedo tonto. Es el cálculo de un animal que sobrevivía justo por no llamar la atención.
Gestos raros que en realidad son cariño
Buena parte de lo que te parece extraño es, en idioma felino, un piropo en toda regla.
El problema es que su repertorio de afecto no se parece en nada al nuestro. Lo que en un perro sería obvio, en un gato hay que traducirlo.

El saludo que menos te esperas
Cuando se da la vuelta y te ofrece el trasero, te está saludando. Entre ellos, olerse ahí equivale a nuestro apretón de manos.
Además se coloca en una postura vulnerable delante de ti, algo que solo hace con quien le da seguridad.
El cabezazo va por el mismo camino: mezcla su olor con el tuyo y así te incluye en su grupo social.
Y si se estira largo y despacio en cuanto entras por la puerta, te está diciendo que está a gusto y no te teme.
Amasar, lamer y parpadear despacio
Amasarte con las patas viene de la lactancia: así estimulaba la leche de su madre. Que lo repita contigo a los seis años significa que le devuelves esa sensación.

El parpadeo lento es todavía más claro. Cerrar los ojos delante de alguien es quedarse indefenso a propósito.
Si te lame y luego te da un mordisco suave, te está acicalando como a otro gato. Entre ellos, morder el pelo antes de lamerlo sirve para desenredarlo.
Cuando la cosa se acelera y notas el cuerpo tenso, es que ya ha tenido bastante y necesita espacio.
Los gatos separados pronto de su madre a veces chupan orejas o lóbulos, buscando el consuelo de aquella etapa.
Y si te sigue al baño, no está fiscalizando nada. Le gusta tu compañía y no soporta una puerta cerrada dentro de su territorio.
Esa fama de animal frío hace daño, porque lleva a interpretar como desprecio lo que solo es un código distinto.

Que te ignore un rato no significa que no te reconozca. Un trabajo realizado en Japón comprobó que distinguen la voz de su dueño de la de un desconocido, aunque muchas veces elijan no contestar.
Manías con la comida y el agua
Aquí es donde más quejas hay. El gato pide, rechaza, escarba y termina bebiendo del peor sitio de la casa.
La buena noticia es que casi todas estas manías se corrigen cambiando un recipiente de forma o de lugar.
🥣 ¿Por qué come solo del centro?
Los bigotes no son un adorno. Son sensores finísimos con los que interpreta distancias y espacios.
Si el cuenco es hondo y estrecho, esos bigotes rozan las paredes en cada bocado. A eso se le llama estrés de bigotes y le resulta muy incómodo.

La solución cuesta poco y funciona rápido: un plato ancho y bajo, donde nada le roce la cara mientras come.
🚰 Bebe de tu vaso y del váter
Un gato es exigente con el agua. La que lleva horas parada en el cuenco le parece agua muerta.
La del inodoro se renueva con cada descarga y se oxigena al caer, así que para él está más fresca que la suya.
Baja la tapa, cámbiale el agua a diario y separa el bebedero del comedero. Con eso resuelves la mayoría de los casos.
🐾 Moja la pata antes de beber
No está jugando. Está haciendo un control de calidad: moja la pata, se la huele y entonces decide.

Mover la superficie también es herencia de sus antepasados, que desconfiaban del agua quieta y de lo que pudiera esconder.
A muchos gatos les entra mejor el agua en movimiento. Ahí una fuente cambia bastante las cosas, y de paso beben más.
🍗 Pide comida y luego no come
El clásico absoluto: maúlla como si llevara tres días en ayunas, le sirves y se marcha sin tocar el plato.
Investigadores de la Universidad de Viena apuntan a que los gatos asocian el acto de alimentarles con el afecto. Puede que no te pidiera comida, sino a ti.
Distinto es que rechace de golpe el plato de siempre. Eso ya toca mirarlo con el veterinario, no interpretarlo en casa.

Y si escarba alrededor del cuenco, suele estar tapando las sobras por instinto o diciéndote que le pones de más.
Los sitios imposibles donde decide dormir
Tienes la casa entera a su disposición y él elige una caja de zapatos. O el hueco entre la pared y la lavadora.
Un espacio pequeño y cerrado es, para su instinto, un sitio donde nadie puede sorprenderle por detrás.
Además, encogido en un rincón justo pierde menos calor corporal. Y el calor le importa muchísimo más de lo que crees.
Tu portátil, tu ropa, tu cabeza
Tus cosas huelen a ti y ese olor le tranquiliza. Tumbarse sobre tu jersey es envolverse en tu presencia mientras no estás.
El portátil suma dos ventajas: da calor y garantiza tu atención inmediata. Sabe perfectamente que ahí le vas a mirar.
Que duerma sobre tu cabeza tiene explicación térmica. Su temperatura corporal ronda los treinta y nueve grados, frente a nuestros treinta y siete.

Necesita fuentes externas de calor y, por la noche, la cabeza es la única parte de ti que no está tapada por la manta.
En verano hace justo lo contrario y amanece dormido en el lavabo, que está fresco y tiene la forma exacta de un gato hecho un ovillo.
El mapa de sus sitios seguros
Cuando se sienta con las cuatro patas recogidas debajo, en la llamada postura de barra de pan, no tiene ninguna intención de salir corriendo.
Eso te da información gratis. Los lugares donde adopta esa postura son los que considera realmente seguros.
Y si duerme tapándose la cara con una pata, está bloqueando la luz para dormir mejor. Es un animal de amanecer y atardecer echando la siesta a mediodía.

El cazador que vive en tu salón
Un gato bien alimentado sigue cazando. No lo hace por hambre: lo hace porque es lo que es.
Castañetear, tirar cosas y patear
El castañeteo frente a la ventana mezcla emoción y frustración: hay presa y no hay manera de llegar.
Algunos expertos añaden otra hipótesis: que ese chasquido imite el sonido de sus presas para hacerlas bajar la guardia.
Tirar el vaso de la mesa tampoco es una provocación. Golpea el objeto para ver si reacciona, igual que haría con un ratón dudoso.
Lo que sí aprende rápido es que cuando algo cae, tú apareces. Si lo repite mucho, quizá te esté pidiendo tiempo.

Las patadas de conejo, agarrando con las patas delanteras y pateando con las traseras, son la maniobra final de una cacería. Con ella remata mientras protege su vientre.
Por eso duelen tanto cuando el peluche eres tú. No le ofrezcas la tripa ni la mano si no tienes claro que le apetece.
Atacar tus pies en movimiento se llama agresión lúdica y es puro juego mal dirigido. Es más frecuente en gatos jóvenes y en los que nunca aprendieron a jugar bien.
Redirige ese impulso hacia un juguete de caña y no uses nunca tus manos de señuelo. Lo que hoy hace gracia, con cinco kilos encima, deja de hacerla.
Y si sale al exterior y te trae un ratón, no le regañes. Te ha traído comida porque te considera un cazador lamentable.

Las tres de la madrugada, explicadas
Tu gato no es nocturno ni diurno: es crepuscular. Sus horas punta son el amanecer y el atardecer.
Si se ha pasado el día durmiendo solo en casa, esa energía tiene que salir por algún lado. Y suele salir de madrugada, a toda velocidad por el pasillo.
Una sesión larga de caña antes de acostarte, seguida de la cena, adelanta el ciclo entero. Cazar y comer le da sueño, igual que en libertad.
¿Cuándo una rareza deja de tener gracia?
Casi todo lo anterior es normal y no hay que corregir absolutamente nada. Son rarezas con explicación, no problemas.
Pero existe una lista corta de conductas que no son curiosidades. Son avisos, y conviene distinguirlas.

Arrastrar el trasero por el suelo es la más clara de todas. Puede ser un picor, parásitos intestinales o un problema en las glándulas anales.
Ningún gato hace eso por diversión. Si lo ves, toca visita al veterinario para saber qué hay debajo.
El jadeo tampoco entra en lo normal. Un gato no jadea como un perro: solo suda por las almohadillas y abrir la boca es su plan B para refrescarse.
Morderse las uñas forma parte de su aseo, pero cuando se vuelve obsesivo suele haber aburrimiento, ansiedad o una lesión detrás. Ten varios rascadores repartidos por la casa.
Masticar bolsas empieza como juego sonoro y puede terminar en pica, la manía de tragar cosas no comestibles. Guárdalas fuera de su alcance.

Esconderse: distingue tres situaciones
Esconderse durante largos periodos suele indicar que se siente intimidado, sobre todo si hay niños pequeños u otros animales.
Esconderse de forma puntual apunta a estrés, susto o sobreestimulación. Se le pasa solo si le dejas el rincón tranquilo que ha elegido.
Lo que sí preocupa es que un gato sociable empiece a desaparecer. Ahí puede haber un cambio grande o dolor, y merece revisión.
Hacer sus necesidades fuera del arenero merece capítulo aparte, porque casi nunca es rebeldía. Hay causas médicas, ambientales y de estrés mezcladas.
La base es siempre la misma: un arenero por gato más uno extra, y que mida al menos vez y media el largo del animal.

Si sigue rascando las paredes de la caja o esquivándola, primero se descarta la salud y después se toca el entorno.
Ninguna de estas rarezas es un fallo de fábrica ni una manía que haya que quitarle.
Un gato es un cazador solitario que aceptó vivir en un piso, y sigue leyendo la casa con sus herramientas de siempre: olfato, oído fino y una desconfianza que le ha salvado la vida durante siglos.
Cuando entiendes de dónde viene cada gesto, se te quitan las ganas de corregirlo. El trasero en la cara deja de ser una falta de respeto.
El vaso tirado al suelo deja de ser una guerra, y el gato que te ignora un martes por la tarde deja de parecer un desagradecido.
Lo que queda es una convivencia bastante más tranquila, con menos enfados por objetos rotos y más atención puesta en lo que sí importa.
Fíjate en cuáles de estas conductas hace el tuyo, a qué hora del día las hace y qué ha pasado justo antes.
Ahí está casi todo lo que necesitas saber sobre él. Y eso, en ningún manual viene escrito.
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